Viaje a Delhi, Mathura y Agra

Capítulo 2: Holi en Mathura

El motivo principal de este viaje, como dije al principio del segundo capítulo, es que tengo puente por una fiesta india llamada Holi. Al parecer en muchos sitios de Europa se conoce y se celebra, pero yo nunca la había escuchado antes. Consiste en que para conmemorar el principio de la primavera (o para conmemorar alguna historia mitológica hindú), la gente va por la calle con unos polvos de colores que si se ponen en la piel o en la ropa se quedan ahí hasta que te laves, lo que deja claro el por qué de mi aspecto tras el festival.

Además, el festival se relaciona de algún modo con el dios Krishna, y como Mathura es la ciudad en la que nació Krishna, pues esa ciudad se considera el origen de la fiesta.

Al bajarnos del autobús y salir de la carretera, como ya dije, había unos cuantos conductores de rickshaw esperando, y un grupo de 20-30 jóvenes que iban a celebrar el holi y por tanto también querían ir a Mathura. Mientras intentábamos averiguar los precios justos de los rickshaw desde no-sé-donde-estoy hasta Mathura, nos hicimos amigos de ese grupo de jóvenes y creo que fueron ellos los que nos recomendaron ir andando desde donde estábamos hasta la carretera secundaria que iba a Mathura, donde habría rickshaws más baratos. Total, que les hacemos caso y acabamos cogiendo un rickshaw grande más grande de lo normal pero más pequeño que cualquier coche estándar. Cabíamos apretados los 4 con 3 de las maletas, la otra maleta tuvo que irse al techo. ¿Espera? ¿Seguro que no cabía nada más que en el techo? Analicemos: con nosotros 4 y nuestras 3 maletas en la cabina, se montaron también el conductor y tres pasajeros más desde el principio, uno de los cuales nos estuvo contando cosas de la India y preguntando sobre nuestro país y después nos acabaría guiando hasta la puerta del hotel, muy agradable. Al cabo de unos minutos se montó otro más, al cabo de un rato otro, y otro, y otro… empiezan a tener que montarse en el culo del rickshaw, donde puedes sentarte pero los pies tienen que ir colgando, y se monta otro, y otro más, y otro más… cuando ya éramos 14 dentro del rickshaw, se montó uno más a mi lado, donde solo había espacio para poner un pie y llevar el resto del cuerpo por fuera, ese fue el último que se montó, afortunadamente el conductor no recogió a nadie para meterlo en el techo:

Y así íbamos ya por las calles de la ciudad, cuando de repente escuchabas un grito: <<¡HAPPY HOLI!>> y entonces notabas que alguien desde fuera te había lanzado colores sin previo aviso, con lo cual al hotel llegamos ya con el mismo aspecto que tendríamos si llevásemos allí varias horas de fiesta. Entramos dentro y empiezo a pensar en mi problema: Simon había reservado una habitación para él y su hermana en el hotel, pero Melika y yo con las prisas habíamos decidido no reservar y a ver qué pasaba. Así que mientras Simon gestiona con el recepcionista su reserva, los otros 3 nos ponemos a hablar con un americano (T.K.), un australiano, una holandesa y un rumano (en adelante los 4 guiris) que ya llevan allí un tiempo y están completamente pintados por todas partes. Nos hablan de que la fiesta está chula, de que hay mucha gente, de que también hay muchos turistas y… efectivamente, el hotel está lleno; Simon nos lo confirma: el hotel está a rebosar y, como mucho, permiten que se quede una tercera persona en la habitación, pero 4 es imposible. Insistimos en quedarnos 4, aunque uno duerma en el suelo, pero nada: lo ven hasta como una ofensa.
Melika y yo nos miramos, ella se podrá quedar en la habitación de Simon y Dorina, pero yo empiezo a plantearme coger otro autobús a Agra (Delhi está demasiado lejos para volver) y dormir allí, a una hora de viaje y con la cosa de que celebraría el Holi sin estar en el lugar origen de la fiesta. Antes de decidirlo vamos los 4 a la única habitación que tenemos y allí empieco a decirles a los demás que voy a probar en otros hoteles, que si hay sitio me quedo en Mathura pero si no me voy a Agra, lo cual sería una pena pero qué le vamos a hacer… en esas estamos cuando pasa la holandesa por nuestra puerta y se me ocurre otra idea, ¿y si le pregunto a los 4 guiris? Los he conocido hace 5 minutos, pero parecen buena gente y… ¡conseguido! El americano está solo en su cuarto y me dice que no hay problema en que duerma con él, tengo que pagar 500 rupias al hotel para quedarme pero ya está :). Así que le doy las gracias, todo solucionado para dormir (o eso parecía) y nos vamos a buscar un sitio donde almorzar.

Encontramos uno cerca del hotel que parece barato, pero claro, lo barato se paga… nos sentamos a la mesa, miro a mi derecha y a una distancia que viene siendo… ¿50 centímetros? hay dos pies. Me cosco, uno de los camareros está descansando y para ello duerme justo al lado de nuestra mesa mientras nosotros vamos a comer. Tardaron un rato en traer la comida, tiempo durante el cual llegaron también al restaurante los 4 guiris y seguimos hablando con ellos. Nos cuentan cosas de la fiesta, nos hacemos una idea de como es y cuando terminamos la comida, nos fuimos a vivirla en persona. Nada más llegar veo que hay formados grupos de indios que entre amigos echan el día entero bailando, tirándose colores y bebiendo y uno de esos grupos, al ver que somos extranjeros se empeña en invitarnos y en que bailemos con ellos. Total, que soy el primero en aceptar un vaso de la bebida que ofrecen y después me tomo un segundo, hasta que Simon me avisa:
– No lo bebas tan rápido que esa bebida es de marihuana.
Pues nada, habrá que aguantarse. Aquí la marihuana y muchas drogas no están mal vistas, sino al contrario; muchos beben o fuman para “honrar a algún Dios” o para cosas parecidas. Sé de algunos indios que antes de fumar lo que sea, le hacen una bendición a lo que vayan a fumar… así las cosas y el choque cultural, tuve que aceptar que he tomado marihuana en contra de mi voluntad, rompí la racha de 23 años. Después de eso intentamos librarnos del grupo de indios que estaban (como la mayoría) muy pesados con las 2 niñas de nuestro viaje, y nos fuimos a un tenderete a comprar colores con los que mancharnos entre nosotros, seguimos andando por las calles donde estaba la fiesta y llegamos a un sitio en el que entre 10 indios nos rodearon y nos empezaron a tirar colores… vale, aparte de que sean machistas la otra cosa que tampoco hace nada de gracia es que te entren polvos de esos en el ojo, estuve varios minutos ciego y me molestó durante 3 días, pero bueno, había que seguir con la fiesta.
Después de bastante tiempo con el ambiente de la calle, para descansar un poco decidimos entrar en un templo que había abierto y ver como se celebraba religiosamente el holi. Nada más entrar un brahmán (especie de sacerdote) nos empieza a guiar, nos dice que dejemos los zapatos y nos lavemos los pies en un grifo junto a la puerta y nos vamos para adentro. Ha sido la primera vez que he entrado en un templo de más de una planta, y era bastante curioso: una especie de patio de vecinos oscuro, la escalera en una de las paredes y el resto de paredes con puertas que daban, sorprendentemente, a casas. Por el tipo, supuse que serían casas de pobres o a lo mejor los propios vecinos de esas casas eran los que habían decidido poner allí un templo, quitándoles algo de espacio, ya que tenía su parte principal ocupando una cuarta parte de la segunda planta. Y allí, en esa zona, pude ver lo más parecido a una “misa hindú”. Estaba un sacerdote sentado, leyendo en voz alta un texto mientras muchos feligreses le escuchaban sentados también, con la particularidad de que los hombres se sentaban a un lado, las mujeres a otro y los dos únicos niños que había estaban sentados con el sacerdote, escuchándole desde más cerca. Allí nos quedamos un rato escuchando, y pude notar que el sacerdote no solo lee, sino que va explicando lo que va leyendo e intentando asegurarse de que todo queda claro. Hablaba con un tono como si intentase crear una conversación, a lo mejor durante los rezos hindúes los feligreses pueden hacer preguntas o algo… no lo sé.
Salimos del templo al cabo de poco y seguimos andando por las calles de Mathura, donde cada dos por tres te tiraban polvos de colores a la cara y a veces cubos de agua desde las ventanas, cuando no, nos pedían hacernos fotos con ellos. Así, llegamos a un cruce caótico, donde todos (peatones, bicicletas y motos) estaban atascadísimos nivel semana santa, con el peligro añadido de que en el cruce estaba también entrando una pequeña manada de vacas, ¿y qué se lo ocurre al policía que estaba allí para intentar desatascar el cruce? Pues nada más efectivo que darle latigazos a las vacas, provocar que estas se echen a correr en medio de la multitud y que así todos nos intentemos quitar del medio. Supongo que si alguna vaca hubiese arrollado a alguien quizás el policía se habría dado cuenta de que no era tan buena idea, pero afortunadamente no pilló a nadie. Tras esto fuimos al río, nos sentamos en la orilla (que era con las típicas escaleras de la India que acaban llegando al agua) y me veo a unos manada de monos, uno de los cuales iba acercándose cada vez más, y más, y más… no pasa nada, si le lanzas un grito y un movimiento brusco todos se acaban yendo.
Tras esto volvemos a andar y ya el colmo: un grupo de 4 mujeres mayores que las 4 querían salir en fotos con nosotros, así que iban turnándose para que saliesen en cada foto 3 de ellas haciendo todas las combinaciones posibles… y mientras estamos parados, un padre no tiene mejor idea que decirle a Dorina que coja a su hijo en brazo (de 1 año o así) para hacerse una foto. El niño se echa a llorar, pero el padre sigue a lo suyo: él quiere que su hijo salga en una foto con una rubia con rastras y no piensa renunciar a ello. Ya era de noche, así que nos volvimos al hotel y un hombre, sin nosotros pretenderlo ni buscarlo, se nos acerca, nos pregunta que a donde vamos y nos indica por donde es el camino. Muchas gracias, caballero desinteresado, estuvo bien el detalle. El problema de eso, sin embargo, es que se ve que llegamos demasiado pronto y, cuando los 4 pensábamos ya acostarnos, el americano que me iba a acoger todavía no había llegado a su habitación, y claro, esta estaba cerrada; me ducho en la habitación de mis compañeros de viaje esperando que mientras llegue el americano… pero que va, habrá que seguir esperando, ¿cómo? Pues nos ponemos a cenar en la habitación comida alemana hasta que se me ocurre volver a recepción para pedir una llave de más al recepcionista, pero no me la quiere conceder
– One key per room, sir, two keys not allowed, sir.
– ¿Y me puedes abrir la puerta para que al menos me quede yo dentro?
– Not allowed, sir.
– Puedes encerrarme si quieres, no me importa, pero al menos déjame entrar.
– Not allowed, sir.

Pruebo a enviarle un whatsapp al americano, pero claro, no tiene tarjeta SIM india y fuera del hotel no le llega el Wifi, así que no le llega ningún tipo de mensaje. Así que nada, mis amigos se quieren ir a dormir ya, por lo que me quedo en la recepción del hotel con la mochila y me pongo a leer un libro ahí mismo, mientras los empleados me miran raro, sin ser yo consciente de que estaba empezando la noche más rara de mi vida.
23:00
23:30
00:00…
El americano sigue sin llegar, solo llega una pareja de extranjeros que buscan hotel a esas horas y van a encontrar menos habitaciones de las que he encontrado yo. El sueño ya me está ganando… esa mañana me había despertado pronto, durante el día había hecho un viaje en autobús de varias horas y no había parado a descansar en ningún momento. Decido cerrar los ojos sin cambiar la postura, para que los empleados del hotel que están hablando entre ellos a mi alrededor no se den cuenta de que estoy intentando dormir en la recepción, y, de hecho, consiguiéndolo, pues me quedé dormido allí… hasta que una mano me despierta y alguien me dice algo; paso del tema y sigo durmiendo. Un rato después lo mismo, a la 3ª, (¿o a lo mejor a la 2ª?) me desvelo un poco más y veo que el que me habla es uno de los trabajadores, que me dice que no puedo dormir en el sofá, les explico por enésima vez mi historia: he pagado una habitación pero no tengo las llaves y estoy esperando a que llegue el compañero de habitación con esas llaves…
Comienza a hablar él y me dice que me duerma en un colchón: efectivamente veo como han tirado un colchón en un rincón para que yo me acueste allí, está el problema de que si alguien sube del sótano a la recepción por la escalera lo primero que pisaría serían mis pies, y si alguien sale del ascensor pisaría mi cabeza, pero oye, más cómodo que el sofá es, así que allí me acuesto y me creo que podré pasar toda la noche allí. ¡Qué iluso!
Me vuelven a desperta al cabo de un tiempo:
– ¿Qué pasa ahora?
– 200 ruppees for the matress -<<colchón>> en inglés-, sir
¿Cómo? Pretenden que pague 200 rupias por dormir sin mantas ni sábanas en la recepción de un hotel donde no han dejado de hablar, a pesar de que unas horas antes yo ya había pagado mi habitación… insisto en que no, e intento volver al sofá pero ¡MEC! otro trabajador me ha quitado el sitio y resulta que duerme allí. Me vuelven a preguntar si voy a pagar las 200 rupias, le digo que no y veo como el que me ha despertado esta última vez aprovecha y se duerme él mismo en el colchón que yo no he pagado… pues nada, si se han acostado todos no habrá problema en que me vaya a la habitación de mis amigos y estemos 4 en la misma. Subo las dos plantas, entro en ese cuarto haciendo el menor ruido posible (afortunadamente no lo habían cerrado con llave) y me tumbo en el suelo, en un hueco entre una cama y la pared: a dormir se ha dicho.
Yo estaba increíblemente cansado, pero dormir en el suelo es más incómodo aún de lo que parece: frío y duro, no hay manera de conseguir dormirse… encima me acuerdo de que tengo que tomarme una pastilla y huntarme una crema por la tiña corporis que me entró unos días antes. Me salgo de la habitación, me tomo la pastilla y me pongo la crema, llega a mi planta uno de los empleados del hotel, me sugiere que pague las 200 rupias por el colchón, le digo que no y… me meto dentro de la habitación de nuevo mientras él me mira. Craso error. Me vuelvo a tumbar en el suelo, pero esta vez a la frialdad y dureza se le une un impedimento más para dormir: el ruido del teléfono al cabo de pocos minutos.
Me quedo un rato flipando; no puede ser que alguien medianamente normal esté llamando al teléfono de una habitación de hotel donde duermen una iraní, dos alemanas y un español, en la India, en medio de la noche… Lo cojo y compruebo que era la llamada que me temía:
– Not posible 4 people in a room, sir, not posible, not allowed.
En ese momento podría haber hecho cualquier barbaridad si mi interlocutor hubiese hablado conmigo a la cara, discuto un poco del tema por el teléfono pero me acuerdo de que mis amigos están al lado durmiendo, así que acabo colgando sin decirle “adiós” al recepcionista, que note que estoy enfadado.
Vuelvo a tumbarme pensando ¿serán capaces de venir a la habitación? ¿Me dirán algo la mañana siguiente?, pero no me da mucho tiempo a pensar… están llamando a la puerta y yo deseando que, ya que al menos a mí me han fastidiado la noche, que no se la fastidien a mis amigos. Abro la puerta, veo como el que llama es uno de los trabajadores que me está diciendo que me salga, pero opto por no escucharle (sí que salgo de la habitación, pero sin mirarle me voy abajo). Si yo no puedo dormir en ningún sitio, por lo menos que sí duerman los otros. Me planteo esperar fuera al americano y dormir mientras en la calle si hace falta, sorprendentemente todavía no son ni las 02:00… pero antes de salir a la calle todo cambia repentinamente para bien; cuando llegué a la planta baja comprobé que el americano ya había llegado (quizás es por eso por lo que me echaban de mi habitación), le llamo a la puerta, me dice que consiga un colchón aparte, pago 200 rupias por un colchón (esta vez sí, pues al menos estaré dentro de una habitación y en silencio), meto el colchón, me tumbo y me quedo dormido al instante hasta… ¿he dicho en silencio? A las 5 a.m. el americano decide encender la televisión, porque sí. No me voy a quejar porque la verdad es que me estaba haciendo un favor grande, pero ¡qué cosas más raras hacen estos yankis! No recuerdo mucho del instante en el que encendió la televisión porque volví a quedarme dormido al instante y, esta vez ya sí, fue la definitiva. El día siguiente había que afrontarlo con ganas.

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