Viaje a Delhi, Mathura y Agra

Como le dije hace unos días a una amiga, este post podría tener un millón de títulos
diferentes, pero ya que es imposible elegir el mejor de ellos, lo he titulado como aparece
arriba. Algunos títulos posibles para estos 4 últimos días son “Colarnos nocturnamente en
monumentos”, “Dormir en la habitación de extraños (sin erótico resultado)”, “Mi primera vez con la marihuana”, “Éramos pocos en el rickshaw… y entró el decimoquinto”, “San Fermín en la India: carreras de vacas entre la multitud”, “Durmiendo en el suelo del hotel”, “Durmiendo en la recepción del hotel”, “Gondolero y personaje”, “Mis hasta ahora peores viajes de autobús en la India” o simplemente “He visto el Taj Mahal”. Lo que sí está claro es que han ocurrido tantas cosas que, si me acordase de todo, esto necesitaría muchos capítulos. A ver si las notas que fui poniendo en el móvil me ayudan a recordar lo máximo posible.

Parte 1: Delhi y viaje a Mathura

Todo podría decirse que empezó hace un tiempo, cuando mi amiga española en la India (Aran Cha Álvez) me dijo que, aprovechando el puente de Jueves y Viernes Santo, intentásemos vernos en algún sitio turístico, por lo que planeamos ir a Hampi (Patrimonio de la Humanidad) y Anantapur (Sede de la Fundación Vicente Ferrer). Total, que mientras los demás ERASMUS van planeando sus viajes de puente (a Delhi, a Bombay, A Goa…) yo planeo mi viaje a Hampi, con la mala pata de que nos aconsejan al final no ir porque 4 días eran muy pocos para ir a esos dos sitios, a los que se puede tardar perfectamente 15 horas en llegar. Total, que me llama Arancha y me dice que me vaya a Delhi: 3 horas de avión, 2.000 km, y con una cantidad enorme de cosas que ver en sus alrededores (Himalaya, Jaipur, Agra, Jodhpur, la propia Delhi…). Me lo propone y le digo que no creo… demasiado lejos y además es el sitio al que pretendo ir en mayo, cuando termine aquí las clases. Sin embargo, voy viendo como casi todos los ERASMUS van a salir del campus y van a aprovechar el único puente que tenemos desde finales de enero; y lo que es peor: uno de ellos (Simon) va precisamente a Delhi a ver a su hermana y durante el viaje va solo, pero prefiere ir acompañado…
Resumiendo, que el domingo compro junto con Simon y Melika, iraní, por unos 120€ los billetes de avión para ir el martes a Delhi y volver el sábado: a hacer la maleta, hablar con Arancha para vernos (tenía que darme unos paquetes de jamón, fuet, pavo, atún… delicias lujuriosas si vives en la India) e investigar un poco sobre qué vamos a ver y hacer en nuestro destino.

Y llegó el martes, y fui al aeropuerto, y cogí el móvil, y leo que acaba de estallar una bomba en el aeropuerto de Bruselas, y… ¿y ahora qué? ¿Se lo digo a mis compañeros de viaje? ¿Me lo callo? Yo, tranquilamente, pensaba que si había algún problema con el terrorismo en algún lugar del mundo, lo mejor que me puede pasar es no estar en Europa, y cuando lo comenté por whatsapp con otros ERASMUS apoyaron mi tesis: “Don t worry Adelardo, no need for bombs here. It s an Indian plane. It will crash on its own.”

Y después de eso continuó la espera en el aeropuerto, y con mi bendita inocencia le hice una foto a una paloma que había dentro del aeropuerto pensando que eso sería significativamente llamativo en relación al resto de mi viaje, y fuimos a la puerta del aeropuerto, y cogimos el avión, y nos montamos, y llegamos a Delhi, y… ¿y ahora qué? (de nuevo). Pues nuestros planes (por aclararlo todo un poco) eran:
– Llegar a Delhi el martes por la tarde.
– Recoger a la hermana de Simon que llegaría a Delhi esa misma noche, durante la madrugada del miércoles.
– Irnos a Mathura el miércoles (donde el jueves celebraban una fiesta india muy importante
llamada Holi, y cuyo origen está en Mathura precisamente).
– Pasar en Mathura el jueves y la mañana del viernes.
– Ir a Agra el viernes, visitarla un poco.
– Visitar el Taj Mahal (que está en Agra) el sábado, pues los viernes cierra.
– Volver Melika y yo el sábado al aeropuerto de Delhi para estar en Madras el sábado por la noche.

¿Y este plan qué implica? Pues que cuando llegamos a Delhi no sabíamos qué hacer (17/18h), y a pesar de la alegría al ver que en Delhi no hace la misma calor sofocante que en Madras (el verano aquí va a ser peor que en Sevilla, os lo aseguro), nos quedamos en el aeropuerto unos minutos pensando y diciéndonos entre nosotros: no hemos reservado hotel (cosa que ya sabíamos) pero tampoco sabemos en qué parte de la ciudad podemos encontrar hoteles aceptables, ni donde podemos cenar, ni cuanto tiempo tardaríamos si quisiésemos ver algún monumento… total, que Melika y Simon van cada uno por un lado para preguntar mientras yo vigilo las maletas y nos enteramos de que cerca del aeropuerto de Delhi hay una zona de hoteles llamada Mahipalpur, supongo que pensada para los que solo pasan una noche en la ciudad. Así que llegamos allí en taxi (una alegría ver que los taxis en el norte de la India son más baratos que en Madras) y mientras el conductor va preguntando en algunos hoteles si tienen habitación, nosotros esperamos en el coche, comprobando que el norte de la India es completamente diferente: en Delhi algunos coches incluso cumplen las normas, en algunas zonas el asfalto no tiene baches, no hay tantos perros callejeros… total, que encontramos un hotel con habitación para dos o para tres pidiendo un colchón extra, dejamos allí las maletas y nos damos un paseo para cenar. Y fue este paseo cuando noté una vez más los contrastes de la India: prostitutas famélicas y niños andando solos y descalzos, nosotros buscando un restaurante de kebab que nos han recomendado por callejones oscuros con cables colgando y chabolas encajadas entre las casas de mala calidad y al final resulta que en la avenida principal (donde estaban los niños y prostitutas de antes) es dónde está un hotel con restaurantes dentro, incluido el que nos han recomendado, ¿el precio de los restaurantes del hotel? De 20€ por persona para arriba (en este país no estarías famélico si pudieses gastarte al menos 40 céntimos por comida). Total, pasamos de gastar todo ese dinero, que además como estudiantes no tenemos, y acabamos en un italiano caro para ser la India pero no tanto como los anteriores.
Terminamos de cenar, salimos de nuevo a la calle y decidimos intentar visitar algo: hemos visto que hay un templo chulo que se ve desde el hotel y que está iluminado, llegamos y solo hay un segurata con el que intentamos hablar:
– ¿Podemos entrar? Sabemos que es tarde pero solo somos 3 y nos gustaría ver el templo.
El indio nos mira con cara rara, es uno de esos que o no sabe inglés o tiene un acento tan
cerrado que no nos entiende y mientras nos da a entender que no podemos entrar se acercan otros 3 securatas y uno de ellos (¡menos mal!) con un muy buen inglés nos pregunta que qué queremos. Total, que le explico a ese que solo vamos a estar una noche en Delhi y no nos da tiempo a ver nada, que si podemos ver el templo aunque esté ya cerrado y va el tío y acepta. A partir de ese momento dejamos los zapatos en la entrada (es algo que hay que hacer en todos los templos hindúes) y vemos que los securatas sí entran con zapatos, con el temor de Melika de que nos roben los nuestros. Nos llevan los securatas dentro y nos van indicando algunas cosas y dejando que hagamos fotos (las fotos de todo el viaje las tendré en unos días, pero aún no), hasta que en un momento dado nos dicen que entremos en la priostía del templo, con estatuillas y joyas, nos incitan a que hagamos fotos dentro mientras ellos se quedan fuera y yo pensando: estos o son muy buenas personas o nos quieren encerrar: han entrado con zapatos en un templo, el primero no nos quiso dejar entrar pero en cuanto ellos fueron 4 ya sí nos dejaron y ahora nos van diciendo en qué salas debemos entrar mientras ellos se quedan fuera… pero nada, paranoias mías, salimos de la priostía cuando quisimos salir, seguimos visitando otras partes del templo y al final del todo pudimos ir tranquilamente… salvo por el hecho de que se quisieron tomar una foto con nosotros, ¿el motivo? En parte porque somos extranjeros, pero sobre todo porque Simon tiene el pelo largo y en cualquier parte de la India le paran continuamente para hacerse fotos. Esta sería solo la primera de 100 fotos que le habrán pedido entre el martes y el sábado. Todo esto mientas los aviones aterrizan a 100 metros de nosotros pues la ciudad crece tan rápido que el aeropuerto está dentro de ella. Tras esto nos fuimos a dormir, que había que recoger a la hermana de Simon al día siguiente en el aeropuerto, al que ella llegaría sobre las 3 a.m.

Así que a la mañana siguiente vamos en rickshaw al aeropuerto y cuando llegamos a él a
buscarla: en la India, la gente sin billete no puede entrar dentro de las terminales de los
aeropuertos, sino que tiene que quedarse esperando al aire libre, sin saber qué puerta de salida va a usar el amigo al que vamos a recoger, cosa mala teniendo en cuenta que la hermana de Simon no tiene teléfono en la India y sabiendo también que el aeropuerto de Delhi es tamaño Barajas aproximadamente. ¿Qué hacer? Pues le preguntamos a los trabajadores del aeropuerto que a qué terminal ha llegado el avión desde Alemania de esa mañana, pero con la cosa de que solo le podemos preguntar a personal de seguridad, limpiadores o del parking, porque dentro del edificio de la terminal es imposible entrar. Y en esas estábamos, intentando entendernos con unos trabajadores que tenían algo de idea pero no mucha, cuando de repente una rubia con rastras se lanza a por Simon: suerte que es el único tío rubio con pelo largo en toda Delhi y que es alto, su hermana le ha podido reconocer desde lejos. Y en esas estamos con una nueva compañera de viaje (Dorina) cuando me llega un whatsapp de otro ERASMUS (Shane) diciendo que está ahora mismo en Delhi y tiene que ir al aeropuerto… 1200 millones de habitantes y un tamaño casi tan grande como Europa, y resulta que un conocido de los que estamos viajando está viniendo exactamente al mismo sitio en el que estamos nosotros 4: nos encontramos con él, nos habla de sus últimos días en los cuales ha viajado por el Himalaya y tal, y cuando ya tenemos que irnos nos despedimos y nos vamos al sitio donde el recepcionista del hotel nos dijo que había autobuses para Mathura: “Estación de autobuses Kashmere Gate”.
Total, que nos enteramos de que se puede ir en metro y… ¡voilá! El metro de Delhi no puede estar en un país subdesarrollado, es sencillamente imposible. Es difícil de creer que las vacas comiendo basura de la calle estén solo 20 metros por encima de semejante infraestructura, de trenes que van a 70km/h, de líneas con frecuencias que más quisiera TUSSAM y eso… a 0,90€ porque hicimos trasbordo, que si no hubiese sido menos. Eso sí, en el momento en el que llegamos a nuestro destino (Kashmere Gate) tenemos que volver a la realidad, es decir, a la superficie. En la salida del metro (tras ver un McDonalds con 2 tipos de hamburguesas no-vegetarianas frente a 9 tipos de hamburguesas vegetarianas) volvimos a estar rodeados de conductores de rickshaw deseosos de poder estafarnos, pitidos, puestos de fruta y cientos de autobuses. La estación Kashmere Gate era un simple cruce de calles en medio de la ciudad donde si no pasaban 30 autobuses cada minuto, no pasaba ninguno; así que allí estamos entre los 4 preguntando a los conductores de rickshaw que cual es el autobús a Mathura, y todos diciéndonos que ese autobús no para ahí, que nos llevan a la estación correcta a cambio de chorrocientas rupias; total, que pensando que nos quieren estafar por ser blancos, empezamos a preguntarle a los conductores que paraban si sus autobuses iban a Mathura. Algunos decidían echarse a andar mientras seguíamos dentro (teniendo que bajarnos en marcha), otros no entendían el inglés, pero todos tenían algo en común: ningún autobús iba a Mathura; le preguntamos a algunos conductores de rickshaw y nos dicen lo mismo: ninguno va a Mathura, la estación de la que salen los autobuses a Mathura es otra y si queremos nos pueden llevar hasta allí por chorrocientas rupias;
– ¿Y a cuanta distancia está esa otra estación?
– Chorrocientas rupias
– ¿Pero en kilómetros cuanto es?
– Chorrocientas rupias
– ¿Y cuanto tiempo se tarda en llegar?
– ¡Chorrocientas…
– Por favor, ¡dame información!
– … RUPIAS!
Total, que acabamos teniendo que coger el rickshaw y nos montamos en uno que tiene como conductor a un viejecito adorable que no solo nos lleva por un precio razonable, sino que nos va señalando los monumentos o edificos curiosos que pasamos, lo cual está bastante bien teniendo en cuenta que no teníamos tiempo para visitar la ciudad: y sí, Delhi es brutalmente enorme.
Para que os hagáis una idea, Delhi tiene unos 15 millones de habitantes y 20 en su área metropolitana, pero si coges alrededor de Delhi un área del mismo tamaño que las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz juntas, resulta que dentro viven tantos habitantes como en toda España. El viaje en rickshaw fue de algo más de media hora, cuando veo en un mapa lo que hicimos, es solo un pequeño cacho de lo que supone la ciudad en su conjunto, y en ningún momento nos salimos de “autovías”, es decir, no paramos ni por semáforos ni por cruces ni por vacas callejeras.
Cuando se para y nos dice “aquí es” miro alrededor y estamos en medio de una carretera dentro de la ciudad, pero con la peculiaridad de que efectivamente hay autobuses parando en la zona. El conductor se bajó con nosotros, dejó su rickshaw en medio de un carril, intentó llevar varias de las mochilas que teníamos (cosa absurda, pues cada uno de nosotros podía llevar la suya) y se puso a buscar el autobús a Mathura por nosotros, con la pérdida de tiempo y por tanto dinero que eso le supondría; le insistimos en que no lo hiciera, que nosotros lo buscaríamos por nuestra cuenta y le dejamos ir. En la India creo que los tipos de personas que te sueles encontrar son los dos extremos. A todos los indios les gusta ver extranjeros, gente diferente a ellos, pero reaccionan de manera muy diferente:
– Están por un lado los que empiezan a hacerte fotos y vídeos y si les intentas parar se ponen a reírse en tu cara; estos además suelen ser machistas al punto de pedirle a las mujeres blancas que se hagan fotos con ellos y (en el momento de hacer la foto) tocarles una teta, el culo o abrazarlas exageradamente para que parezca que es su novia. Además, este tipo de persona supongo que es el mismo que, si se hacen conductores de rickshaw te intentarán cobrar precios desorbitados (3-5 veces por encima de lo que le cobrarían a un indio). Estos suelen ser sobre todo jóvenes
– Por otro lado, están los amables. Como bien he dicho, a todos les gusta ver a extranjeros, y también les gusta interactuar con ellos. Los amables son los que te ayudan en todo, los que se dan cuenta de que su acento es difícil de comprender y los que te hacen preguntas inocentes al conocerte como ¿es muy diferente tu país de la India? o ¿qué significa tu nombre? (en la India todos los nombres tienen significado). Estos suelen ser todos los ancianos, casi todos los adultos, y una parte de los jóvenes. El conductor de nuestro rickshaw en este viaje, sin duda, entraba en esta categoría por la puerta grande.
– Además, están las mujeres, las cuales se involucran poco y nunca van a tomar la iniciativa
hablándote a menos que sea una a la que veas rutinariamente, por lo que es más difícil conocerlas.

Total, que en esas estábamos cuando decido ir a comprar algo de fruta con Dorina en unos
puestos cercanos, y nada más volver, me veo a la niña más adorable que he podido ver en los últimos tiempos: de unos 5 años, pelos enmarañados, dientes sucios, rotos o ausentes, ropa rota, zapatos inexistentes pero una sonrisa encantadora; no era tipo “sonrisa de princesita” ni nada de eso, para nada; era más bien la sonrisa de una niña traviesa, pero de ese tipo de niños a los que sabes que por muchas travesuras que hagan, no serás capaz de reñirle demasiado. Yo tomándome un plátano y con cientos de rupias en la cartera, y la niña pidiéndome dinero mientras se reía de ese modo tan travieso, con su madre y sus hermanos tirados en el suelo a solo unos metros… en muchos lugares de la India es cierto eso de que le das dinero a un mendigo y entonces se te acercan 10 más… por lo que con esa niña actué mal, decidí no darle nada, ¿qué debería haber hecho? Supongo que justo lo contrario. Así las cosas, en el autobús de 3 horas en el que me monté después para ir a Mathura no me quité su sonrisa de la cabeza.
Para ir a Mathura había dos autobuses posibles, por lo que los revisores de cada uno de ellos rivalizaon porque nos montásemos en el correspondiente, decisión que no se prolongó mucho, teniendo en cuenta que en uno de ellos estaban ya todas las sillas ocupadas, y viajes de 4 horas de pie con los baches de la India como que no. Eso sí, espacio para las maletas no
quedaba suficiente, por lo que tuvimos que poner algunas en el pasillo, justo donde otros
pasajeros estaban colocándose ya… y así íbamos cuando de repente un hombre coge la maleta de Dorina y la saca del autobús, ¿ein? ¿Que está haciendo? Me levanto, salgo lo más rápido que puedo pasando entre indios y maletas y llego finalmente a la puerta… ¿se están llevando por la cara la maleta a otro autobús? Le hago gestos al hombre que ni de broma, que esa maleta se queda con nosotros y entonces coge el tío una llave-ganzúa de esas que tienen pinta de abrir los calabozos de un castillo medieval y abre un pequeño maletero bajo el autobús. En mi vida me hubiese imaginado que los autobuses con los bancos (que no sillas) de hierro, sin aire acondicionado y sin suspensión ninguna para los baches, tuviesen maletero… pero bueno, me quedo más tranquilo, cierra la puerta, volvemos al autobús y empezamos el viaje. Como siempre, en el autobús hay varios vendedores, pero uno de ellos es diferente a todo lo que he visto hasta ahora: la mayoría venden comida o telas, y van pasando por el pasillo entre la gente para ofrecer sus productos, pero el vendedor del que hablo se queda al principio del pasillo, saca unos botes de crema, abre uno de ellos y se lo aplica en la piel del brazo; ¿resultado? El tío empieza a echar humo, flipando me quedé. No sé qué era pero en el momento de untárselo, la crema esa empezaba a echar humo sin estar caliente (o al menos el hombre no parecía quemarse) y algo más debe de tener porque varios indios compraron de ese producto al punto de que ese hombre no se pudo bajar hasta que nos encontramos ya en la autovía, pitidos de coches por la improvisada parada mediante. Por cierto, lo poco que vi de Delhi impresiona: apenas hay edificios modernos acabados (pude ver 2 ó 3 solo), pero vi más de 50 rascacielos en construcción, la India en 10 años será muy diferente a lo que es ahora. Por el camino, varios viajeros subiéndose a mitad de recorrido sin que el autobús pare del todo, y los que estamos dentro cada vez más apretados, nivel “tengo un culo cerca de mi cara y no puedo moverme hacia el lado contrario para alejarme”, y así las 3 primeras horas. Al cabo de un tiempo, empezamos a estar lo suficientemente lejos de Delhi como para que algunos se vayan bajando, y antes de llegar a mi destino ya puedo cambiar mi sitio para sentarme al lado de 2 de los 3 con los que viajo y dejar que algunas familias se sienten en mi sitio y así puedan estar juntos, sin embargo, la gente bajándose en medio de la carretera no me da buena espina… nosotros íbamos a Mathura, y ese autobús tiene como destino final Agra (Mathura solo es una parada intermedia), ¿nos tendremos que bajar en medio de la carretera? Pues efectivamente, así es, en medio de la carretera se para el autobús, el revisor grita <<¡MATHURA!>>, yo grito <<¡Tenemos equipaje en el maletero!>>, otro indio traduce mi grito del inglés con acento español al inglés con acento indio, otro lo traduce de inglés con acento indio a hindi y entonces el revisor se baja con su pedazo de cacho de barra llave-ganzúa, nos abre el maletero, cogemos la maleta que teníamos ahí dentro y nos damos la vuelta: campo. Estamos en medio del campo. En la carretera solo están otros pasajeros que se han bajado con nosotros y algunos vendedores de fruta, mientras que al pie del talud de la carretera hay unos cuantos conductores de rickshaw esperando, pero el terreno entre ellos y nosotros es una cuesta de 45º de tierra y piedras que tenemos que bajar mientras llevamos nuestras maletas de 7-10 kilos en la espalda… bueno, si uno de los que va bajando por ahí es un anciano con bastón y túnica blanca al que ya le costaba andar por el asfalto, ¿de qué no voy a ser yo capaz?

A partir de aquí comenzó lo bueno…

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