Phoenix Mall

Estaba yo el viernes con unos cuantos ERASMUS más, cuando de repente salió a la luz la
consecuencia de que yo llegase tan tarde aquí.
Por aclararlo: yo llegué a la India el 13 de enero, mientras que las clases empezaron el
11. La mayoría de los estudiantes extranjeros con los que me junto llegaron varios días
antes del 11 y así pudieron visitar la ciudad y otros lugares más alejados de la India
durante unos días, por lo que de vez en cuando sigo notando que soy el que menos cosas ha conocido de aquí.
Cuando hablan de ir a cualquier sitio de la ciudad, todos saben de qué tipo de lugar
están hablando menos yo, y uno de los sitios de los que más veces les he escuchado hablar era “The Phoenix”. Total, que el viernes pasado, cuando alguien volvió a mencionar ese lugar les pregunté:
– What is the Phoenix?
Y la respuesta me dejó maravillado. Resulta que era nada más y nada menos que un centro comercial completamente “a la europea” a tan solo 5 minutos andando de mi querido campus.
Me encantó la idea aún cuando me costaba creerla: ¿un Zara en la misma calle dónde las
vacas pasean? ¿salas de cine, cuando dentro de nuestro campus los sábados “hay” cine al
aire libre y la película sólo se puede ver entera si no aparece a la mitad el cartelito
de “Buffering…” junto con un círculo que indica que no se ha descargado completamente?
¿Que hay un burguer king en el país dónde hasta ahora la única carne que he encontrado es de pollo y siempre te la ponen salteada en medio de un montón de verduras? Y así un largo etcétera…

No es que no me guste la cultura india (que me gusta, y más de lo que pensaba) ni tampoco es que no me haya adaptado (desde el primer día me dije “aguantaré lo que haga falta que para eso he venido” y con esa predisposición me he adaptado a cualquier cosa), de hecho estoy disfrutando bastante y me alegro de haber venido a pasar una parte de mi vida aquí; pero sí que es cierto que poder inmiscuirme por una tarde en un lugar que me haga sentir como en casa también era un buen plan.
Así que en esas estábamos cuando un estudiante rumano se ofreció a acompañarme al día
siguiente a ese lugar: nada más y nada menos que 5 plantas con una superficie varias
veces más grande que el Nervión Plaza o los Arcos. Mira que nunca me ha gustado ir de
tiendas, pero el sábado iba yo con ganas.

Y ahora empiezan mis reflexiones: la primera va a ir encaminada a “no se puede forzar la
mezcla de culturas”. La segunda es una idea que me está matando cada día que paso en este bendito y a la vez maldito país.

Según pude ver nada más llegar al Phoenix Mall, a los coches les hacían entrar en el
garaje por una zona un tanto apartada de la entrada peatonal, mientras que los peatones
entrábamos por… un control de seguridad triple. Describo: llegamos el rumano y yo al
exterior de la puerta y lo primero que veo es que para entrar hay dos colas, ¿en cual me
pongo? En la que me pillaba más cerca, ¿acerté? Sí, pero de potra. Noté después que la
cola en la que me había puesto estaba formada solo por hombres, mientras que la otra era
la de las mujeres. En el inicio de cada una de las colas había nada más y nada menos que
dos agentes de seguridad: dos hombres en la de hombres y un hombre y una mujer en la de mujeres. Entre las dos colas, una mesa con cestas como las de los aeropuertos donde debes dejar el móvil, las llaves y cualquier otra cosa metálica que no sea un marcapasos. La mujer y uno de los hombres pasaban por todo el cuerpo a todos los que queríamos entrar un detector manual de metales, tras lo cual también cacheaban a todo el mundo. Los otros dos hombres tomaban las mochilas, bolsos, maletines y lo que hiciese falta para registrarlos a conciencia. Junto a las dos colas, un camerín completamente tapado con cortinas (como los de los colegios electorales) que ya he comprendido que es para las musulmanas que llevan burka, las cuales deben destaparse delante de una agente de seguridad sin tener que destaparse en público.
Pasado este primer control, se juntan las dos colas y tenemos que pasar por un detector
de metales de los de toda la vida, con forma de puerta. Una mujer vigila el paso de todas
las personas por esa puerta.
Por último, una cinta para (otra vez) vigilar que no haya nada dentro de los bolsos,
maletines y las mochilas. Tal y como en los aeropuertos: pones el bulto en la cinta, pasa
por un detector de rayos X y dos vigilantes comprueban que no lleves… no sé, una bomba
o cualquier otra cosa.

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En estos momentos ya cualquiera se da cuenta de lo obvio: no todas las culturas debemos
intentar ser iguales ni avanzar del mismo modo. Si bien es cierto que todas debemos tener los mismos objetivos (acabar con la discriminación, fomentar la educación, vivir
dignamente el mayor tiempo posible…), copiar algo de una cultura y meterlo con calzador
en otra da lugar a que (por poner el ejemplo) haya un H&M en este centro comercial donde la entrada de hombres y mujeres es separada y con unos controles mayores que los de cualquier estación de trenes europea o cualquier vuelo nacional.

Una vez dentro no vuelve a ser todo como un centro comercial. En 3 horas dentro viví unas cuantas situaciones absurdas:
Tiendas de intimissimi y women secret al lado de otras de burkas donde a los maniquíes
(SÍ, A LOS MANIQUÍES) solo se les ven los ojos.

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Un burger king que en la puerta anuncia algo que haría partirse de risa a cualquier
español: “¡AHORA, 4 NUEVOS TIPOS DE HAMBURGUESAS VEGANAS!”. ¿Y las hamburguesas con carne? Había algunas, concretamente eran:
Hamburguesa de pollo con queso
Hamburguesa de pollo con picante
Hamburguesa de pollo
¿Y el cerdo? ¿Y la ternera? Vale, ya sé que no debo esperar encontrarme un restaurante
con ternera en todo este país, precisamente donde las vacas son sagradas, pero que en un
burger king solo haya 3 tipos de hamburguesas de verdad frente a más de 10 tipos de
pseudohamburguesas para come-hierbas es algo que no me mola, y si encima los 3 son casi iguales, pues apaga y vámonos. La ausencia de cerdo me imagino que será porque en este país no tendrán el ambiente adecuado para criarlos o porque los musulmanes son una comunidad importante en la sociedad (en Madras entre el 10%-20%). En cualquier caso, si alguno de vosotros me visita, que me traiga jamón.
Tercera cosa: cortes de luz, sí, continuamente, cada 15 minutos, se iba la luz. ¿Y eso
qué implica? Pues todas las escaleras son mecánicas, muchos de los comercios son de
comidas que necesitan refrigeración y en las salas de cine a saber que harán si la pantalla se pone en negro a la mitad (espero que tengan generadores independientes). Las escaleras mecánicas no los tienen desde luego, y cuando se iba la luz en todo el edificio, la gente que estaba a mitad de escalera continuaba su subida a pata, seguidos
de todos los que iban detrás. En cuanto volvía la luz, para que a nadie le pillase de sorpresa y se produjesen los previsibles tropezones y caídas, las escaleras no se ponían
en marcha automáticamente, sino que un grupo de empleados del centro comercial iban
escalera por escalera parando a los que empezaban a subir antes de que lo hicieran para
conseguir despejar la susodicha. Una vez despejada completamente, vuelves a encender el
motor de la escalera y todos los que mientras tanto se habían ido acumulando subían en
tropel.

Y siendo todo este centro comercial, por tanto, un mero espectáculo por el contraste que
crea con la cultura que hay fuera, es normal que haya cochecitos con forma de autobús
rojo londinense paseándose por las tiendas, como si no solo fuesen comercios, sino
monumentos.

 

Por último el cine. Fui a ver una peli el domingo a este mismo sitio ¿Recordáis los
controles de seguridad a la entrada del centro comercial? Pues no os preocupéis por
vuestras vidas mientras véis la peli, porque si algún terrorista conseguía saltárselos,
en la entrada del cine vuelve a haber cacheos (hombres y mujeres separados) y registros
de bolsos y mochilas.

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Y dentro, curiosamente, unas lámparas de lujo, tipo araña de los
siglos XVIII o XIX iluminando unas repisas en el suelo de piedrecitas brillantes que no
servían para nada más que para decorar. Si además no compras las palomitas suficientes
para toda la película, no te preocupes, porque puedes pedirlas sin moverte de la silla
(no sé cómo) y que un camarero te las traiga, o puedes ir a comprarlas durante el
descanso de 15 minutos que hay a la mitad de todas las películas, y durante el cual te
echan mítines políticos indios y anuncios antitabaco. Lo más curioso sin embargo aún no
lo he dicho: los cortes de sonido. Ocasionalmente se iba el sonido durante un segundo y
después volvía, cosa que pensaba era por fallos técnicos… pero qué va. El gobierno
indio considera que su pueblo no está preparado para escuchar palabrotas, así que los
mini-cortes de sonido son cada vez que la película dice una palabra fuera de tono. La
peli que estuve viendo era nada más y nada menos que de Tarantino. Imaginaos cuantas
veces se fue la voz.

Y ahora la segunda reflexión.
¿Qué debo hacer si veo que en muchas de esas tiendas, la ropa se vende a precios
europeos, que es algo así como si nosotros pagásemos 100€ por una camiseta del mercadillo o 2000€ por uns levis, si después en la puerta exterior me encuentro con niños que venden juguetes en semáforos y buscan en la basura lo que las vacas no han querido comerse, o ancianas que piden sin poder levantarse del suelo por la poca fuerza que tienen? Mi impresión sobre la pobreza en la India no es que esta sea mayor aquí que en África o en Sudamérica, pero sí que me estoy convenciendo de que aquí se trata a la pobreza de una manera mucho más cruel. Desde el primer día me di cuenta de que hay mucha clase media y mucho millonario, pero casi nadie (ni yo) que ayude a los que duermen en la calle. Me llenaba de pensamientos en los que el tema principal era “los indios con dinero son mucho más crueles que la gente con dinero de otros países”. Y ahora, en gran parte por leer un gran libro (Sonrisas de Bombay), he caído en la cuenta de que toda la culpa que puedan tener los indios ricos debe ser compartida de igual manera por cualquier otra persona en el mundo que nunca haya tenido que preocuparse por si iba a poder comer ese día o no. ¿Acaso no somos del mismo mundo? ¿Acaso cada nacionalidad es un grupo cerrado y apartado del resto de la humanidad?

Pero claro, son tantísimos los pobres que hay aquí… solo en la ciudad de Bombay viven
en chabolas una población mayor que la de toda Andalucía. Si hay tantas personas a las
que ayudar, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros si no es con el trabajo conjunto de
todos los que hemos tenido suerte al nacer?

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