Viaje a Delhi, Mathura y Agra

Capítulo 2: Holi en Mathura

El motivo principal de este viaje, como dije al principio del segundo capítulo, es que tengo puente por una fiesta india llamada Holi. Al parecer en muchos sitios de Europa se conoce y se celebra, pero yo nunca la había escuchado antes. Consiste en que para conmemorar el principio de la primavera (o para conmemorar alguna historia mitológica hindú), la gente va por la calle con unos polvos de colores que si se ponen en la piel o en la ropa se quedan ahí hasta que te laves, lo que deja claro el por qué de mi aspecto tras el festival.

Además, el festival se relaciona de algún modo con el dios Krishna, y como Mathura es la ciudad en la que nació Krishna, pues esa ciudad se considera el origen de la fiesta.

Al bajarnos del autobús y salir de la carretera, como ya dije, había unos cuantos conductores de rickshaw esperando, y un grupo de 20-30 jóvenes que iban a celebrar el holi y por tanto también querían ir a Mathura. Mientras intentábamos averiguar los precios justos de los rickshaw desde no-sé-donde-estoy hasta Mathura, nos hicimos amigos de ese grupo de jóvenes y creo que fueron ellos los que nos recomendaron ir andando desde donde estábamos hasta la carretera secundaria que iba a Mathura, donde habría rickshaws más baratos. Total, que les hacemos caso y acabamos cogiendo un rickshaw grande más grande de lo normal pero más pequeño que cualquier coche estándar. Cabíamos apretados los 4 con 3 de las maletas, la otra maleta tuvo que irse al techo. ¿Espera? ¿Seguro que no cabía nada más que en el techo? Analicemos: con nosotros 4 y nuestras 3 maletas en la cabina, se montaron también el conductor y tres pasajeros más desde el principio, uno de los cuales nos estuvo contando cosas de la India y preguntando sobre nuestro país y después nos acabaría guiando hasta la puerta del hotel, muy agradable. Al cabo de unos minutos se montó otro más, al cabo de un rato otro, y otro, y otro… empiezan a tener que montarse en el culo del rickshaw, donde puedes sentarte pero los pies tienen que ir colgando, y se monta otro, y otro más, y otro más… cuando ya éramos 14 dentro del rickshaw, se montó uno más a mi lado, donde solo había espacio para poner un pie y llevar el resto del cuerpo por fuera, ese fue el último que se montó, afortunadamente el conductor no recogió a nadie para meterlo en el techo:

Y así íbamos ya por las calles de la ciudad, cuando de repente escuchabas un grito: <<¡HAPPY HOLI!>> y entonces notabas que alguien desde fuera te había lanzado colores sin previo aviso, con lo cual al hotel llegamos ya con el mismo aspecto que tendríamos si llevásemos allí varias horas de fiesta. Entramos dentro y empiezo a pensar en mi problema: Simon había reservado una habitación para él y su hermana en el hotel, pero Melika y yo con las prisas habíamos decidido no reservar y a ver qué pasaba. Así que mientras Simon gestiona con el recepcionista su reserva, los otros 3 nos ponemos a hablar con un americano (T.K.), un australiano, una holandesa y un rumano (en adelante los 4 guiris) que ya llevan allí un tiempo y están completamente pintados por todas partes. Nos hablan de que la fiesta está chula, de que hay mucha gente, de que también hay muchos turistas y… efectivamente, el hotel está lleno; Simon nos lo confirma: el hotel está a rebosar y, como mucho, permiten que se quede una tercera persona en la habitación, pero 4 es imposible. Insistimos en quedarnos 4, aunque uno duerma en el suelo, pero nada: lo ven hasta como una ofensa.
Melika y yo nos miramos, ella se podrá quedar en la habitación de Simon y Dorina, pero yo empiezo a plantearme coger otro autobús a Agra (Delhi está demasiado lejos para volver) y dormir allí, a una hora de viaje y con la cosa de que celebraría el Holi sin estar en el lugar origen de la fiesta. Antes de decidirlo vamos los 4 a la única habitación que tenemos y allí empieco a decirles a los demás que voy a probar en otros hoteles, que si hay sitio me quedo en Mathura pero si no me voy a Agra, lo cual sería una pena pero qué le vamos a hacer… en esas estamos cuando pasa la holandesa por nuestra puerta y se me ocurre otra idea, ¿y si le pregunto a los 4 guiris? Los he conocido hace 5 minutos, pero parecen buena gente y… ¡conseguido! El americano está solo en su cuarto y me dice que no hay problema en que duerma con él, tengo que pagar 500 rupias al hotel para quedarme pero ya está:). Así que le doy las gracias, todo solucionado para dormir (o eso parecía) y nos vamos a buscar un sitio donde almorzar.

Encontramos uno cerca del hotel que parece barato, pero claro, lo barato se paga… nos sentamos a la mesa, miro a mi derecha y a una distancia que viene siendo… ¿50 centímetros? hay dos pies. Me cosco, uno de los camareros está descansando y para ello duerme justo al lado de nuestra mesa mientras nosotros vamos a comer. Tardaron un rato en traer la comida, tiempo durante el cual llegaron también al restaurante los 4 guiris y seguimos hablando con ellos. Nos cuentan cosas de la fiesta, nos hacemos una idea de como es y cuando terminamos la comida, nos fuimos a vivirla en persona. Nada más llegar veo que hay formados grupos de indios que entre amigos echan el día entero bailando, tirándose colores y bebiendo y uno de esos grupos, al ver que somos extranjeros se empeña en invitarnos y en que bailemos con ellos. Total, que soy el primero en aceptar un vaso de la bebida que ofrecen y después me tomo un segundo, hasta que Simon me avisa:
– No lo bebas tan rápido que esa bebida es de marihuana.
Pues nada, habrá que aguantarse. Aquí la marihuana y muchas drogas no están mal vistas, sino al contrario; muchos beben o fuman para “honrar a algún Dios” o para cosas parecidas. Sé de algunos indios que antes de fumar lo que sea, le hacen una bendición a lo que vayan a fumar… así las cosas y el choque cultural, tuve que aceptar que he tomado marihuana en contra de mi voluntad, rompí la racha de 23 años. Después de eso intentamos librarnos del grupo de indios que estaban (como la mayoría) muy pesados con las 2 niñas de nuestro viaje, y nos fuimos a un tenderete a comprar colores con los que mancharnos entre nosotros, seguimos andando por las calles donde estaba la fiesta y llegamos a un sitio en el que entre 10 indios nos rodearon y nos empezaron a tirar colores… vale, aparte de que sean machistas la otra cosa que tampoco hace nada de gracia es que te entren polvos de esos en el ojo, estuve varios minutos ciego y me molestó durante 3 días, pero bueno, había que seguir con la fiesta.
Después de bastante tiempo con el ambiente de la calle, para descansar un poco decidimos entrar en un templo que había abierto y ver como se celebraba religiosamente el holi. Nada más entrar un brahmán (especie de sacerdote) nos empieza a guiar, nos dice que dejemos los zapatos y nos lavemos los pies en un grifo junto a la puerta y nos vamos para adentro. Ha sido la primera vez que he entrado en un templo de más de una planta, y era bastante curioso: una especie de patio de vecinos oscuro, la escalera en una de las paredes y el resto de paredes con puertas que daban, sorprendentemente, a casas. Por el tipo, supuse que serían casas de pobres o a lo mejor los propios vecinos de esas casas eran los que habían decidido poner allí un templo, quitándoles algo de espacio, ya que tenía su parte principal ocupando una cuarta parte de la segunda planta. Y allí, en esa zona, pude ver lo más parecido a una “misa hindú”. Estaba un sacerdote sentado, leyendo en voz alta un texto mientras muchos feligreses le escuchaban sentados también, con la particularidad de que los hombres se sentaban a un lado, las mujeres a otro y los dos únicos niños que había estaban sentados con el sacerdote, escuchándole desde más cerca. Allí nos quedamos un rato escuchando, y pude notar que el sacerdote no solo lee, sino que va explicando lo que va leyendo e intentando asegurarse de que todo queda claro. Hablaba con un tono como si intentase crear una conversación, a lo mejor durante los rezos hindúes los feligreses pueden hacer preguntas o algo… no lo sé.
Salimos del templo al cabo de poco y seguimos andando por las calles de Mathura, donde cada dos por tres te tiraban polvos de colores a la cara y a veces cubos de agua desde las ventanas, cuando no, nos pedían hacernos fotos con ellos. Así, llegamos a un cruce caótico, donde todos (peatones, bicicletas y motos) estaban atascadísimos nivel semana santa, con el peligro añadido de que en el cruce estaba también entrando una pequeña manada de vacas, ¿y qué se lo ocurre al policía que estaba allí para intentar desatascar el cruce? Pues nada más efectivo que darle latigazos a las vacas, provocar que estas se echen a correr en medio de la multitud y que así todos nos intentemos quitar del medio. Supongo que si alguna vaca hubiese arrollado a alguien quizás el policía se habría dado cuenta de que no era tan buena idea, pero afortunadamente no pilló a nadie. Tras esto fuimos al río, nos sentamos en la orilla (que era con las típicas escaleras de la India que acaban llegando al agua) y me veo a unos manada de monos, uno de los cuales iba acercándose cada vez más, y más, y más… no pasa nada, si le lanzas un grito y un movimiento brusco todos se acaban yendo.
Tras esto volvemos a andar y ya el colmo: un grupo de 4 mujeres mayores que las 4 querían salir en fotos con nosotros, así que iban turnándose para que saliesen en cada foto 3 de ellas haciendo todas las combinaciones posibles… y mientras estamos parados, un padre no tiene mejor idea que decirle a Dorina que coja a su hijo en brazo (de 1 año o así) para hacerse una foto. El niño se echa a llorar, pero el padre sigue a lo suyo: él quiere que su hijo salga en una foto con una rubia con rastras y no piensa renunciar a ello. Ya era de noche, así que nos volvimos al hotel y un hombre, sin nosotros pretenderlo ni buscarlo, se nos acerca, nos pregunta que a donde vamos y nos indica por donde es el camino. Muchas gracias, caballero desinteresado, estuvo bien el detalle. El problema de eso, sin embargo, es que se ve que llegamos demasiado pronto y, cuando los 4 pensábamos ya acostarnos, el americano que me iba a acoger todavía no había llegado a su habitación, y claro, esta estaba cerrada; me ducho en la habitación de mis compañeros de viaje esperando que mientras llegue el americano… pero que va, habrá que seguir esperando, ¿cómo? Pues nos ponemos a cenar en la habitación comida alemana hasta que se me ocurre volver a recepción para pedir una llave de más al recepcionista, pero no me la quiere conceder
– One key per room, sir, two keys not allowed, sir.
– ¿Y me puedes abrir la puerta para que al menos me quede yo dentro?
– Not allowed, sir.
– Puedes encerrarme si quieres, no me importa, pero al menos déjame entrar.
– Not allowed, sir.

Pruebo a enviarle un whatsapp al americano, pero claro, no tiene tarjeta SIM india y fuera del hotel no le llega el Wifi, así que no le llega ningún tipo de mensaje. Así que nada, mis amigos se quieren ir a dormir ya, por lo que me quedo en la recepción del hotel con la mochila y me pongo a leer un libro ahí mismo, mientras los empleados me miran raro, sin ser yo consciente de que estaba empezando la noche más rara de mi vida.
23:00
23:30
00:00…
El americano sigue sin llegar, solo llega una pareja de extranjeros que buscan hotel a esas horas y van a encontrar menos habitaciones de las que he encontrado yo. El sueño ya me está ganando… esa mañana me había despertado pronto, durante el día había hecho un viaje en autobús de varias horas y no había parado a descansar en ningún momento. Decido cerrar los ojos sin cambiar la postura, para que los empleados del hotel que están hablando entre ellos a mi alrededor no se den cuenta de que estoy intentando dormir en la recepción, y, de hecho, consiguiéndolo, pues me quedé dormido allí… hasta que una mano me despierta y alguien me dice algo; paso del tema y sigo durmiendo. Un rato después lo mismo, a la 3ª, (¿o a lo mejor a la 2ª?) me desvelo un poco más y veo que el que me habla es uno de los trabajadores, que me dice que no puedo dormir en el sofá, les explico por enésima vez mi historia: he pagado una habitación pero no tengo las llaves y estoy esperando a que llegue el compañero de habitación con esas llaves…
Comienza a hablar él y me dice que me duerma en un colchón: efectivamente veo como han tirado un colchón en un rincón para que yo me acueste allí, está el problema de que si alguien sube del sótano a la recepción por la escalera lo primero que pisaría serían mis pies, y si alguien sale del ascensor pisaría mi cabeza, pero oye, más cómodo que el sofá es, así que allí me acuesto y me creo que podré pasar toda la noche allí. ¡Qué iluso!
Me vuelven a desperta al cabo de un tiempo:
– ¿Qué pasa ahora?
– 200 ruppees for the matress -<<colchón>> en inglés-, sir
¿Cómo? Pretenden que pague 200 rupias por dormir sin mantas ni sábanas en la recepción de un hotel donde no han dejado de hablar, a pesar de que unas horas antes yo ya había pagado mi habitación… insisto en que no, e intento volver al sofá pero ¡MEC! otro trabajador me ha quitado el sitio y resulta que duerme allí. Me vuelven a preguntar si voy a pagar las 200 rupias, le digo que no y veo como el que me ha despertado esta última vez aprovecha y se duerme él mismo en el colchón que yo no he pagado… pues nada, si se han acostado todos no habrá problema en que me vaya a la habitación de mis amigos y estemos 4 en la misma. Subo las dos plantas, entro en ese cuarto haciendo el menor ruido posible (afortunadamente no lo habían cerrado con llave) y me tumbo en el suelo, en un hueco entre una cama y la pared: a dormir se ha dicho.
Yo estaba increíblemente cansado, pero dormir en el suelo es más incómodo aún de lo que parece: frío y duro, no hay manera de conseguir dormirse… encima me acuerdo de que tengo que tomarme una pastilla y huntarme una crema por la tiña corporis que me entró unos días antes. Me salgo de la habitación, me tomo la pastilla y me pongo la crema, llega a mi planta uno de los empleados del hotel, me sugiere que pague las 200 rupias por el colchón, le digo que no y… me meto dentro de la habitación de nuevo mientras él me mira. Craso error. Me vuelvo a tumbar en el suelo, pero esta vez a la frialdad y dureza se le une un impedimento más para dormir: el ruido del teléfono al cabo de pocos minutos.
Me quedo un rato flipando; no puede ser que alguien medianamente normal esté llamando al teléfono de una habitación de hotel donde duermen una iraní, dos alemanas y un español, en la India, en medio de la noche… Lo cojo y compruebo que era la llamada que me temía:
– Not posible 4 people in a room, sir, not posible, not allowed.
En ese momento podría haber hecho cualquier barbaridad si mi interlocutor hubiese hablado conmigo a la cara, discuto un poco del tema por el teléfono pero me acuerdo de que mis amigos están al lado durmiendo, así que acabo colgando sin decirle “adiós” al recepcionista, que note que estoy enfadado.
Vuelvo a tumbarme pensando ¿serán capaces de venir a la habitación? ¿Me dirán algo la mañana siguiente?, pero no me da mucho tiempo a pensar… están llamando a la puerta y yo deseando que, ya que al menos a mí me han fastidiado la noche, que no se la fastidien a mis amigos. Abro la puerta, veo como el que llama es uno de los trabajadores que me está diciendo que me salga, pero opto por no escucharle (sí que salgo de la habitación, pero sin mirarle me voy abajo). Si yo no puedo dormir en ningún sitio, por lo menos que sí duerman los otros. Me planteo esperar fuera al americano y dormir mientras en la calle si hace falta, sorprendentemente todavía no son ni las 02:00… pero antes de salir a la calle todo cambia repentinamente para bien; cuando llegué a la planta baja comprobé que el americano ya había llegado (quizás es por eso por lo que me echaban de mi habitación), le llamo a la puerta, me dice que consiga un colchón aparte, pago 200 rupias por un colchón (esta vez sí, pues al menos estaré dentro de una habitación y en silencio), meto el colchón, me tumbo y me quedo dormido al instante hasta… ¿he dicho en silencio? A las 5 a.m. el americano decide encender la televisión, porque sí. No me voy a quejar porque la verdad es que me estaba haciendo un favor grande, pero ¡qué cosas más raras hacen estos yankis! No recuerdo mucho del instante en el que encendió la televisión porque volví a quedarme dormido al instante y, esta vez ya sí, fue la definitiva. El día siguiente había que afrontarlo con ganas.

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Viaje a Delhi, Mathura y Agra

Como le dije hace unos días a una amiga, este post podría tener un millón de títulos
diferentes, pero ya que es imposible elegir el mejor de ellos, lo he titulado como aparece
arriba. Algunos títulos posibles para estos 4 últimos días son “Colarnos nocturnamente en
monumentos”, “Dormir en la habitación de extraños (sin erótico resultado)”, “Mi primera vez con la marihuana”, “Éramos pocos en el rickshaw… y entró el decimoquinto”, “San Fermín en la India: carreras de vacas entre la multitud”, “Durmiendo en el suelo del hotel”, “Durmiendo en la recepción del hotel”, “Gondolero y personaje”, “Mis hasta ahora peores viajes de autobús en la India” o simplemente “He visto el Taj Mahal”. Lo que sí está claro es que han ocurrido tantas cosas que, si me acordase de todo, esto necesitaría muchos capítulos. A ver si las notas que fui poniendo en el móvil me ayudan a recordar lo máximo posible.

Parte 1: Delhi y viaje a Mathura

Todo podría decirse que empezó hace un tiempo, cuando mi amiga española en la India (Aran Cha Álvez) me dijo que, aprovechando el puente de Jueves y Viernes Santo, intentásemos vernos en algún sitio turístico, por lo que planeamos ir a Hampi (Patrimonio de la Humanidad) y Anantapur (Sede de la Fundación Vicente Ferrer). Total, que mientras los demás ERASMUS van planeando sus viajes de puente (a Delhi, a Bombay, A Goa…) yo planeo mi viaje a Hampi, con la mala pata de que nos aconsejan al final no ir porque 4 días eran muy pocos para ir a esos dos sitios, a los que se puede tardar perfectamente 15 horas en llegar. Total, que me llama Arancha y me dice que me vaya a Delhi: 3 horas de avión, 2.000 km, y con una cantidad enorme de cosas que ver en sus alrededores (Himalaya, Jaipur, Agra, Jodhpur, la propia Delhi…). Me lo propone y le digo que no creo… demasiado lejos y además es el sitio al que pretendo ir en mayo, cuando termine aquí las clases. Sin embargo, voy viendo como casi todos los ERASMUS van a salir del campus y van a aprovechar el único puente que tenemos desde finales de enero; y lo que es peor: uno de ellos (Simon) va precisamente a Delhi a ver a su hermana y durante el viaje va solo, pero prefiere ir acompañado…
Resumiendo, que el domingo compro junto con Simon y Melika, iraní, por unos 120€ los billetes de avión para ir el martes a Delhi y volver el sábado: a hacer la maleta, hablar con Arancha para vernos (tenía que darme unos paquetes de jamón, fuet, pavo, atún… delicias lujuriosas si vives en la India) e investigar un poco sobre qué vamos a ver y hacer en nuestro destino.

Y llegó el martes, y fui al aeropuerto, y cogí el móvil, y leo que acaba de estallar una bomba en el aeropuerto de Bruselas, y… ¿y ahora qué? ¿Se lo digo a mis compañeros de viaje? ¿Me lo callo? Yo, tranquilamente, pensaba que si había algún problema con el terrorismo en algún lugar del mundo, lo mejor que me puede pasar es no estar en Europa, y cuando lo comenté por whatsapp con otros ERASMUS apoyaron mi tesis: “Don t worry Adelardo, no need for bombs here. It s an Indian plane. It will crash on its own.”

Y después de eso continuó la espera en el aeropuerto, y con mi bendita inocencia le hice una foto a una paloma que había dentro del aeropuerto pensando que eso sería significativamente llamativo en relación al resto de mi viaje, y fuimos a la puerta del aeropuerto, y cogimos el avión, y nos montamos, y llegamos a Delhi, y… ¿y ahora qué? (de nuevo). Pues nuestros planes (por aclararlo todo un poco) eran:
– Llegar a Delhi el martes por la tarde.
– Recoger a la hermana de Simon que llegaría a Delhi esa misma noche, durante la madrugada del miércoles.
– Irnos a Mathura el miércoles (donde el jueves celebraban una fiesta india muy importante
llamada Holi, y cuyo origen está en Mathura precisamente).
– Pasar en Mathura el jueves y la mañana del viernes.
– Ir a Agra el viernes, visitarla un poco.
– Visitar el Taj Mahal (que está en Agra) el sábado, pues los viernes cierra.
– Volver Melika y yo el sábado al aeropuerto de Delhi para estar en Madras el sábado por la noche.

¿Y este plan qué implica? Pues que cuando llegamos a Delhi no sabíamos qué hacer (17/18h), y a pesar de la alegría al ver que en Delhi no hace la misma calor sofocante que en Madras (el verano aquí va a ser peor que en Sevilla, os lo aseguro), nos quedamos en el aeropuerto unos minutos pensando y diciéndonos entre nosotros: no hemos reservado hotel (cosa que ya sabíamos) pero tampoco sabemos en qué parte de la ciudad podemos encontrar hoteles aceptables, ni donde podemos cenar, ni cuanto tiempo tardaríamos si quisiésemos ver algún monumento… total, que Melika y Simon van cada uno por un lado para preguntar mientras yo vigilo las maletas y nos enteramos de que cerca del aeropuerto de Delhi hay una zona de hoteles llamada Mahipalpur, supongo que pensada para los que solo pasan una noche en la ciudad. Así que llegamos allí en taxi (una alegría ver que los taxis en el norte de la India son más baratos que en Madras) y mientras el conductor va preguntando en algunos hoteles si tienen habitación, nosotros esperamos en el coche, comprobando que el norte de la India es completamente diferente: en Delhi algunos coches incluso cumplen las normas, en algunas zonas el asfalto no tiene baches, no hay tantos perros callejeros… total, que encontramos un hotel con habitación para dos o para tres pidiendo un colchón extra, dejamos allí las maletas y nos damos un paseo para cenar. Y fue este paseo cuando noté una vez más los contrastes de la India: prostitutas famélicas y niños andando solos y descalzos, nosotros buscando un restaurante de kebab que nos han recomendado por callejones oscuros con cables colgando y chabolas encajadas entre las casas de mala calidad y al final resulta que en la avenida principal (donde estaban los niños y prostitutas de antes) es dónde está un hotel con restaurantes dentro, incluido el que nos han recomendado, ¿el precio de los restaurantes del hotel? De 20€ por persona para arriba (en este país no estarías famélico si pudieses gastarte al menos 40 céntimos por comida). Total, pasamos de gastar todo ese dinero, que además como estudiantes no tenemos, y acabamos en un italiano caro para ser la India pero no tanto como los anteriores.
Terminamos de cenar, salimos de nuevo a la calle y decidimos intentar visitar algo: hemos visto que hay un templo chulo que se ve desde el hotel y que está iluminado, llegamos y solo hay un segurata con el que intentamos hablar:
– ¿Podemos entrar? Sabemos que es tarde pero solo somos 3 y nos gustaría ver el templo.
El indio nos mira con cara rara, es uno de esos que o no sabe inglés o tiene un acento tan
cerrado que no nos entiende y mientras nos da a entender que no podemos entrar se acercan otros 3 securatas y uno de ellos (¡menos mal!) con un muy buen inglés nos pregunta que qué queremos. Total, que le explico a ese que solo vamos a estar una noche en Delhi y no nos da tiempo a ver nada, que si podemos ver el templo aunque esté ya cerrado y va el tío y acepta. A partir de ese momento dejamos los zapatos en la entrada (es algo que hay que hacer en todos los templos hindúes) y vemos que los securatas sí entran con zapatos, con el temor de Melika de que nos roben los nuestros. Nos llevan los securatas dentro y nos van indicando algunas cosas y dejando que hagamos fotos (las fotos de todo el viaje las tendré en unos días, pero aún no), hasta que en un momento dado nos dicen que entremos en la priostía del templo, con estatuillas y joyas, nos incitan a que hagamos fotos dentro mientras ellos se quedan fuera y yo pensando: estos o son muy buenas personas o nos quieren encerrar: han entrado con zapatos en un templo, el primero no nos quiso dejar entrar pero en cuanto ellos fueron 4 ya sí nos dejaron y ahora nos van diciendo en qué salas debemos entrar mientras ellos se quedan fuera… pero nada, paranoias mías, salimos de la priostía cuando quisimos salir, seguimos visitando otras partes del templo y al final del todo pudimos ir tranquilamente… salvo por el hecho de que se quisieron tomar una foto con nosotros, ¿el motivo? En parte porque somos extranjeros, pero sobre todo porque Simon tiene el pelo largo y en cualquier parte de la India le paran continuamente para hacerse fotos. Esta sería solo la primera de 100 fotos que le habrán pedido entre el martes y el sábado. Todo esto mientas los aviones aterrizan a 100 metros de nosotros pues la ciudad crece tan rápido que el aeropuerto está dentro de ella. Tras esto nos fuimos a dormir, que había que recoger a la hermana de Simon al día siguiente en el aeropuerto, al que ella llegaría sobre las 3 a.m.

Así que a la mañana siguiente vamos en rickshaw al aeropuerto y cuando llegamos a él a
buscarla: en la India, la gente sin billete no puede entrar dentro de las terminales de los
aeropuertos, sino que tiene que quedarse esperando al aire libre, sin saber qué puerta de salida va a usar el amigo al que vamos a recoger, cosa mala teniendo en cuenta que la hermana de Simon no tiene teléfono en la India y sabiendo también que el aeropuerto de Delhi es tamaño Barajas aproximadamente. ¿Qué hacer? Pues le preguntamos a los trabajadores del aeropuerto que a qué terminal ha llegado el avión desde Alemania de esa mañana, pero con la cosa de que solo le podemos preguntar a personal de seguridad, limpiadores o del parking, porque dentro del edificio de la terminal es imposible entrar. Y en esas estábamos, intentando entendernos con unos trabajadores que tenían algo de idea pero no mucha, cuando de repente una rubia con rastras se lanza a por Simon: suerte que es el único tío rubio con pelo largo en toda Delhi y que es alto, su hermana le ha podido reconocer desde lejos. Y en esas estamos con una nueva compañera de viaje (Dorina) cuando me llega un whatsapp de otro ERASMUS (Shane) diciendo que está ahora mismo en Delhi y tiene que ir al aeropuerto… 1200 millones de habitantes y un tamaño casi tan grande como Europa, y resulta que un conocido de los que estamos viajando está viniendo exactamente al mismo sitio en el que estamos nosotros 4: nos encontramos con él, nos habla de sus últimos días en los cuales ha viajado por el Himalaya y tal, y cuando ya tenemos que irnos nos despedimos y nos vamos al sitio donde el recepcionista del hotel nos dijo que había autobuses para Mathura: “Estación de autobuses Kashmere Gate”.
Total, que nos enteramos de que se puede ir en metro y… ¡voilá! El metro de Delhi no puede estar en un país subdesarrollado, es sencillamente imposible. Es difícil de creer que las vacas comiendo basura de la calle estén solo 20 metros por encima de semejante infraestructura, de trenes que van a 70km/h, de líneas con frecuencias que más quisiera TUSSAM y eso… a 0,90€ porque hicimos trasbordo, que si no hubiese sido menos. Eso sí, en el momento en el que llegamos a nuestro destino (Kashmere Gate) tenemos que volver a la realidad, es decir, a la superficie. En la salida del metro (tras ver un McDonalds con 2 tipos de hamburguesas no-vegetarianas frente a 9 tipos de hamburguesas vegetarianas) volvimos a estar rodeados de conductores de rickshaw deseosos de poder estafarnos, pitidos, puestos de fruta y cientos de autobuses. La estación Kashmere Gate era un simple cruce de calles en medio de la ciudad donde si no pasaban 30 autobuses cada minuto, no pasaba ninguno; así que allí estamos entre los 4 preguntando a los conductores de rickshaw que cual es el autobús a Mathura, y todos diciéndonos que ese autobús no para ahí, que nos llevan a la estación correcta a cambio de chorrocientas rupias; total, que pensando que nos quieren estafar por ser blancos, empezamos a preguntarle a los conductores que paraban si sus autobuses iban a Mathura. Algunos decidían echarse a andar mientras seguíamos dentro (teniendo que bajarnos en marcha), otros no entendían el inglés, pero todos tenían algo en común: ningún autobús iba a Mathura; le preguntamos a algunos conductores de rickshaw y nos dicen lo mismo: ninguno va a Mathura, la estación de la que salen los autobuses a Mathura es otra y si queremos nos pueden llevar hasta allí por chorrocientas rupias;
– ¿Y a cuanta distancia está esa otra estación?
– Chorrocientas rupias
– ¿Pero en kilómetros cuanto es?
– Chorrocientas rupias
– ¿Y cuanto tiempo se tarda en llegar?
– ¡Chorrocientas…
– Por favor, ¡dame información!
– … RUPIAS!
Total, que acabamos teniendo que coger el rickshaw y nos montamos en uno que tiene como conductor a un viejecito adorable que no solo nos lleva por un precio razonable, sino que nos va señalando los monumentos o edificos curiosos que pasamos, lo cual está bastante bien teniendo en cuenta que no teníamos tiempo para visitar la ciudad: y sí, Delhi es brutalmente enorme.
Para que os hagáis una idea, Delhi tiene unos 15 millones de habitantes y 20 en su área metropolitana, pero si coges alrededor de Delhi un área del mismo tamaño que las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz juntas, resulta que dentro viven tantos habitantes como en toda España. El viaje en rickshaw fue de algo más de media hora, cuando veo en un mapa lo que hicimos, es solo un pequeño cacho de lo que supone la ciudad en su conjunto, y en ningún momento nos salimos de “autovías”, es decir, no paramos ni por semáforos ni por cruces ni por vacas callejeras.
Cuando se para y nos dice “aquí es” miro alrededor y estamos en medio de una carretera dentro de la ciudad, pero con la peculiaridad de que efectivamente hay autobuses parando en la zona. El conductor se bajó con nosotros, dejó su rickshaw en medio de un carril, intentó llevar varias de las mochilas que teníamos (cosa absurda, pues cada uno de nosotros podía llevar la suya) y se puso a buscar el autobús a Mathura por nosotros, con la pérdida de tiempo y por tanto dinero que eso le supondría; le insistimos en que no lo hiciera, que nosotros lo buscaríamos por nuestra cuenta y le dejamos ir. En la India creo que los tipos de personas que te sueles encontrar son los dos extremos. A todos los indios les gusta ver extranjeros, gente diferente a ellos, pero reaccionan de manera muy diferente:
– Están por un lado los que empiezan a hacerte fotos y vídeos y si les intentas parar se ponen a reírse en tu cara; estos además suelen ser machistas al punto de pedirle a las mujeres blancas que se hagan fotos con ellos y (en el momento de hacer la foto) tocarles una teta, el culo o abrazarlas exageradamente para que parezca que es su novia. Además, este tipo de persona supongo que es el mismo que, si se hacen conductores de rickshaw te intentarán cobrar precios desorbitados (3-5 veces por encima de lo que le cobrarían a un indio). Estos suelen ser sobre todo jóvenes
– Por otro lado, están los amables. Como bien he dicho, a todos les gusta ver a extranjeros, y también les gusta interactuar con ellos. Los amables son los que te ayudan en todo, los que se dan cuenta de que su acento es difícil de comprender y los que te hacen preguntas inocentes al conocerte como ¿es muy diferente tu país de la India? o ¿qué significa tu nombre? (en la India todos los nombres tienen significado). Estos suelen ser todos los ancianos, casi todos los adultos, y una parte de los jóvenes. El conductor de nuestro rickshaw en este viaje, sin duda, entraba en esta categoría por la puerta grande.
– Además, están las mujeres, las cuales se involucran poco y nunca van a tomar la iniciativa
hablándote a menos que sea una a la que veas rutinariamente, por lo que es más difícil conocerlas.

Total, que en esas estábamos cuando decido ir a comprar algo de fruta con Dorina en unos
puestos cercanos, y nada más volver, me veo a la niña más adorable que he podido ver en los últimos tiempos: de unos 5 años, pelos enmarañados, dientes sucios, rotos o ausentes, ropa rota, zapatos inexistentes pero una sonrisa encantadora; no era tipo “sonrisa de princesita” ni nada de eso, para nada; era más bien la sonrisa de una niña traviesa, pero de ese tipo de niños a los que sabes que por muchas travesuras que hagan, no serás capaz de reñirle demasiado. Yo tomándome un plátano y con cientos de rupias en la cartera, y la niña pidiéndome dinero mientras se reía de ese modo tan travieso, con su madre y sus hermanos tirados en el suelo a solo unos metros… en muchos lugares de la India es cierto eso de que le das dinero a un mendigo y entonces se te acercan 10 más… por lo que con esa niña actué mal, decidí no darle nada, ¿qué debería haber hecho? Supongo que justo lo contrario. Así las cosas, en el autobús de 3 horas en el que me monté después para ir a Mathura no me quité su sonrisa de la cabeza.
Para ir a Mathura había dos autobuses posibles, por lo que los revisores de cada uno de ellos rivalizaon porque nos montásemos en el correspondiente, decisión que no se prolongó mucho, teniendo en cuenta que en uno de ellos estaban ya todas las sillas ocupadas, y viajes de 4 horas de pie con los baches de la India como que no. Eso sí, espacio para las maletas no
quedaba suficiente, por lo que tuvimos que poner algunas en el pasillo, justo donde otros
pasajeros estaban colocándose ya… y así íbamos cuando de repente un hombre coge la maleta de Dorina y la saca del autobús, ¿ein? ¿Que está haciendo? Me levanto, salgo lo más rápido que puedo pasando entre indios y maletas y llego finalmente a la puerta… ¿se están llevando por la cara la maleta a otro autobús? Le hago gestos al hombre que ni de broma, que esa maleta se queda con nosotros y entonces coge el tío una llave-ganzúa de esas que tienen pinta de abrir los calabozos de un castillo medieval y abre un pequeño maletero bajo el autobús. En mi vida me hubiese imaginado que los autobuses con los bancos (que no sillas) de hierro, sin aire acondicionado y sin suspensión ninguna para los baches, tuviesen maletero… pero bueno, me quedo más tranquilo, cierra la puerta, volvemos al autobús y empezamos el viaje. Como siempre, en el autobús hay varios vendedores, pero uno de ellos es diferente a todo lo que he visto hasta ahora: la mayoría venden comida o telas, y van pasando por el pasillo entre la gente para ofrecer sus productos, pero el vendedor del que hablo se queda al principio del pasillo, saca unos botes de crema, abre uno de ellos y se lo aplica en la piel del brazo; ¿resultado? El tío empieza a echar humo, flipando me quedé. No sé qué era pero en el momento de untárselo, la crema esa empezaba a echar humo sin estar caliente (o al menos el hombre no parecía quemarse) y algo más debe de tener porque varios indios compraron de ese producto al punto de que ese hombre no se pudo bajar hasta que nos encontramos ya en la autovía, pitidos de coches por la improvisada parada mediante. Por cierto, lo poco que vi de Delhi impresiona: apenas hay edificios modernos acabados (pude ver 2 ó 3 solo), pero vi más de 50 rascacielos en construcción, la India en 10 años será muy diferente a lo que es ahora. Por el camino, varios viajeros subiéndose a mitad de recorrido sin que el autobús pare del todo, y los que estamos dentro cada vez más apretados, nivel “tengo un culo cerca de mi cara y no puedo moverme hacia el lado contrario para alejarme”, y así las 3 primeras horas. Al cabo de un tiempo, empezamos a estar lo suficientemente lejos de Delhi como para que algunos se vayan bajando, y antes de llegar a mi destino ya puedo cambiar mi sitio para sentarme al lado de 2 de los 3 con los que viajo y dejar que algunas familias se sienten en mi sitio y así puedan estar juntos, sin embargo, la gente bajándose en medio de la carretera no me da buena espina… nosotros íbamos a Mathura, y ese autobús tiene como destino final Agra (Mathura solo es una parada intermedia), ¿nos tendremos que bajar en medio de la carretera? Pues efectivamente, así es, en medio de la carretera se para el autobús, el revisor grita <<¡MATHURA!>>, yo grito <<¡Tenemos equipaje en el maletero!>>, otro indio traduce mi grito del inglés con acento español al inglés con acento indio, otro lo traduce de inglés con acento indio a hindi y entonces el revisor se baja con su pedazo de cacho de barra llave-ganzúa, nos abre el maletero, cogemos la maleta que teníamos ahí dentro y nos damos la vuelta: campo. Estamos en medio del campo. En la carretera solo están otros pasajeros que se han bajado con nosotros y algunos vendedores de fruta, mientras que al pie del talud de la carretera hay unos cuantos conductores de rickshaw esperando, pero el terreno entre ellos y nosotros es una cuesta de 45º de tierra y piedras que tenemos que bajar mientras llevamos nuestras maletas de 7-10 kilos en la espalda… bueno, si uno de los que va bajando por ahí es un anciano con bastón y túnica blanca al que ya le costaba andar por el asfalto, ¿de qué no voy a ser yo capaz?

A partir de aquí comenzó lo bueno…

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20 minutos en la calle

Esto es lo que se puede ver durante unos 20 minutos en las calles indias. Esto es lo que se puede grabar:

Para verlo, pincha aquí.

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Visita a los fuertes de Gingee

Desde hace más de una semana, una asociación de estudiantes de la universidad nos venía
avisando a los estudiantes extranjeros de que querían organizar un viaje a Gingee. Esta
asociación (IPals), se dedica a varias cosas, pero una de ellas es hacer que los estudiantes
extranjeros nos sintamos a gusto y conozcamos la India. No sin problemas, fueron organizando el viaje y al final la fecha decidida fue el 6 de febrero (ayer).

Gingee es una pequeña ciudad a 3 horas en autobús de Madras que está rodeada de algunas montañas con fuertes antiguos en lo alto. A esos fuertes, obviamente, hay que subir andando.

Así que nada, ayer me levanté a las 6 de la mañana (1:30 de España, muchos de vosotros no os habíais acostado aún), me olvidé la bufanda del Betis en mi cuarto, cogí el autobús y pusimos rumbo a ese sitio, con la intención de conocer un poco más la India, pues hasta ahora he visto bastante menos cosas de las que me gustaría.

Como siempre, más de media hora para salir de la ciudad, pues es enorme y las calles no son de lo mejor, y una vez en la carretera a conocer la India.

Mi anterior viaje (a Puducherry) fue todo el rato cerca de la costa, por lo que no pude ver
demasiado campo, pero en este sí que me harté: 3 horas de verde, plantaciones de arroz y
naturaleza. Y aunque no hubiese ninguna ciudad grande durante el camino, casas casi
continuamente. En este país creo que no hay más de 1 kilómetro seguido sin urbanizar. Los vídeos que hice desde la ventana del autobús hablan por sí solos. Vacas, peatones cruzando, bicicletas, adelantamientos peligrosos, pitidos y hasta un hombre vendiendo periódicos en pleno peaje.

A mitad de camino nos paramos para desayunar en un restaurante de carretera, ¿problema? Creo que todo era comida vegetariana. Por mucho esfuerzo que hagan los indios en general para hacernos sentir bien (que lo hacen, pues son de lo más entregados) hay cosas para las que adaptarse es muy difícil, y la comida es una de ellas, sobre todo cuando es vegetariana… digamos que no me voy a encontrar del todo bien durante unos días después de ese desayuno y de otras comidas de días anteriores.

¿Y una vez llegamos a Gingee? Pues nos deja el autobús en medio de la carretera, al lado de la entrada de uno de los fuertes, y nos disponemos a entrar. Tuvimos que esperar un rato, pues para que saliera más barato, todos los que estábamos teníamos que apuntar nuestros nombres y demostrar que éramos estudiantes. Durante la espera, unos niños de excursión estaban al lado nuestra, y claro, lo de siempre… los europeos más blanquitos de mi grupo (entre los cuales nunca estoy incluido) tuvieron que posar para fotos con los niños, asombrados de ver pelo rubio, piel clara etc…

Tras esto, empezamos a subir la montaña por unas escaleras de varios siglos de antigüedad. Obviamente, los escalones eran muy irregulares y hechos con la roca de la montaña, de repente estrechos, de repente anchos, resbaladizos… es decir, la subida cansaba, pero solo por las vistas y las risas que te echas con todos los que me acompañaban merece la pena.

A mitad de camino te encontrabas con pequeñas edificaciones, como arcos o templetes, y muchas veces era posible salirse de las escaleras y empezar a escalar por las rocas cercanas

 

Y, cuando al fin llegamos arriba, el fuerte:

Estuvimos un buen rato arriba, había algunos turistas indios y occidentales más, pero en
general podías estar tranquilo pues el recinto era grande; y cuando tuvimos que irnos (para ir a ver otro de los fuertes) pudimos ver lo que nunca falta en la India: monos. ¡Cuidado que roban!

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Fuimos en autobús a comprar el almuerzo, y como el siguiente fuerte que íbamos a ver cerraba pronto, pues nos llevamos el almuerzo allí y nos lo tomamos al pie de esa otra montaña, en el césped. Por ser estudiantes nos volvieron a cobrar el mismo precio que a los indios, porque si no…

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Antes de almorzar, y dentro del recinto monumental, varias ruinas, entre ellas un estanque con una especie de claustro exterior, típico indio. Ahí fui el único que bajó al nivel del estanque (sin tocar el agua, que no estaba nada limpia) pero tuve que irme cuando un mono decidió no dejar de seguirme mientras miraba sospechosamente mi móvil. Tras esto, fuimos a almorzar.

Este fue sin duda uno de los momentos del día que recordaré siempre. Había más grupos
almorzando alrededor nuestra, la mayoría familias indias, y todos sentados en forma de círculo bien cerrado. ¿Para que todos estuviesen en la conversación y pudiesen verse las caras? Pues en parte sí, pero el motivo principal no era ese, sino evitar que los monos (y algunos perros) robasen la comida. La familia más cercana a la nuestra, incluso tenían palos para amenazar o golpear al que les intentase robar la comida. Aquí el tema del maltrato animal no es como en Europa, pero en el fondo lo entiendo… porque continuamente comparten espacio con animales por la calle (monos, perros, gatos, cabras y vacas), y estos no son muy respetuosos con las propiedades ajenas, la verdad. En algunos momentos, si algún mono o perro se acercaba a un grupo, empezabas a escuchar los gritos de las personas de ese grupo para asustar al animal, hasta que un perro que no se separaba de nosotros decidió “ayudarnos” y se dedicó él mismo a asustar a los monos, por lo que a partir de ese momento dejamos que el perro merodease cerca.

¿Y cómo acabó este almuerzo? Pues bien, una imagen vale más que mil palabras, y un vídeo ni os cuento.

Dejamos el césped, tiramos la basura (con cuidado, para que ninguno de los monos que rebuscaban en ella nos atacase o mordiese) y subimos a este segundo fuerte. ¿El primero tenía una subida larga? No tanto, unos 300 escalones si mal no recuerdo. Pero este tenía nada más y nada menos que 1500, e iba alternando la subida con ocasionales bajadas o senderos de arena. Eso sí, muy bonito todo, pues no solo volvíamos a ver el valle desde lo alto, sino que en ocasiones el camino iba entre árboles y te encontrabas con pequeños templos indios allí donde menos te lo esperabas.

Cuando llegamos arriba del todo, edificios de piedra bastante bien conservados para lo antiguo que eran, monos (uno de ellos estuvo a punto de robarnos una mochila) y pude comprobar que mis compañeros son un poquito temerarios.

Después de todo esto, cogimos de nuevo el autobús, echamos media hora o así en un lago con las típicas escaleras indias que te llevan desde arriba hasta el agua y volvimos a Madras, que a las 00:00 de la noche le teníamos preparada una sorpresa por su cumpleaños a una belga:
¡Felicidades Evi!

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Phoenix Mall

Estaba yo el viernes con unos cuantos ERASMUS más, cuando de repente salió a la luz la
consecuencia de que yo llegase tan tarde aquí.
Por aclararlo: yo llegué a la India el 13 de enero, mientras que las clases empezaron el
11. La mayoría de los estudiantes extranjeros con los que me junto llegaron varios días
antes del 11 y así pudieron visitar la ciudad y otros lugares más alejados de la India
durante unos días, por lo que de vez en cuando sigo notando que soy el que menos cosas ha conocido de aquí.
Cuando hablan de ir a cualquier sitio de la ciudad, todos saben de qué tipo de lugar
están hablando menos yo, y uno de los sitios de los que más veces les he escuchado hablar era “The Phoenix”. Total, que el viernes pasado, cuando alguien volvió a mencionar ese lugar les pregunté:
– What is the Phoenix?
Y la respuesta me dejó maravillado. Resulta que era nada más y nada menos que un centro comercial completamente “a la europea” a tan solo 5 minutos andando de mi querido campus.
Me encantó la idea aún cuando me costaba creerla: ¿un Zara en la misma calle dónde las
vacas pasean? ¿salas de cine, cuando dentro de nuestro campus los sábados “hay” cine al
aire libre y la película sólo se puede ver entera si no aparece a la mitad el cartelito
de “Buffering…” junto con un círculo que indica que no se ha descargado completamente?
¿Que hay un burguer king en el país dónde hasta ahora la única carne que he encontrado es de pollo y siempre te la ponen salteada en medio de un montón de verduras? Y así un largo etcétera…

No es que no me guste la cultura india (que me gusta, y más de lo que pensaba) ni tampoco es que no me haya adaptado (desde el primer día me dije “aguantaré lo que haga falta que para eso he venido” y con esa predisposición me he adaptado a cualquier cosa), de hecho estoy disfrutando bastante y me alegro de haber venido a pasar una parte de mi vida aquí; pero sí que es cierto que poder inmiscuirme por una tarde en un lugar que me haga sentir como en casa también era un buen plan.
Así que en esas estábamos cuando un estudiante rumano se ofreció a acompañarme al día
siguiente a ese lugar: nada más y nada menos que 5 plantas con una superficie varias
veces más grande que el Nervión Plaza o los Arcos. Mira que nunca me ha gustado ir de
tiendas, pero el sábado iba yo con ganas.

Y ahora empiezan mis reflexiones: la primera va a ir encaminada a “no se puede forzar la
mezcla de culturas”. La segunda es una idea que me está matando cada día que paso en este bendito y a la vez maldito país.

Según pude ver nada más llegar al Phoenix Mall, a los coches les hacían entrar en el
garaje por una zona un tanto apartada de la entrada peatonal, mientras que los peatones
entrábamos por… un control de seguridad triple. Describo: llegamos el rumano y yo al
exterior de la puerta y lo primero que veo es que para entrar hay dos colas, ¿en cual me
pongo? En la que me pillaba más cerca, ¿acerté? Sí, pero de potra. Noté después que la
cola en la que me había puesto estaba formada solo por hombres, mientras que la otra era
la de las mujeres. En el inicio de cada una de las colas había nada más y nada menos que
dos agentes de seguridad: dos hombres en la de hombres y un hombre y una mujer en la de mujeres. Entre las dos colas, una mesa con cestas como las de los aeropuertos donde debes dejar el móvil, las llaves y cualquier otra cosa metálica que no sea un marcapasos. La mujer y uno de los hombres pasaban por todo el cuerpo a todos los que queríamos entrar un detector manual de metales, tras lo cual también cacheaban a todo el mundo. Los otros dos hombres tomaban las mochilas, bolsos, maletines y lo que hiciese falta para registrarlos a conciencia. Junto a las dos colas, un camerín completamente tapado con cortinas (como los de los colegios electorales) que ya he comprendido que es para las musulmanas que llevan burka, las cuales deben destaparse delante de una agente de seguridad sin tener que destaparse en público.
Pasado este primer control, se juntan las dos colas y tenemos que pasar por un detector
de metales de los de toda la vida, con forma de puerta. Una mujer vigila el paso de todas
las personas por esa puerta.
Por último, una cinta para (otra vez) vigilar que no haya nada dentro de los bolsos,
maletines y las mochilas. Tal y como en los aeropuertos: pones el bulto en la cinta, pasa
por un detector de rayos X y dos vigilantes comprueban que no lleves… no sé, una bomba
o cualquier otra cosa.

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En estos momentos ya cualquiera se da cuenta de lo obvio: no todas las culturas debemos
intentar ser iguales ni avanzar del mismo modo. Si bien es cierto que todas debemos tener los mismos objetivos (acabar con la discriminación, fomentar la educación, vivir
dignamente el mayor tiempo posible…), copiar algo de una cultura y meterlo con calzador
en otra da lugar a que (por poner el ejemplo) haya un H&M en este centro comercial donde la entrada de hombres y mujeres es separada y con unos controles mayores que los de cualquier estación de trenes europea o cualquier vuelo nacional.

Una vez dentro no vuelve a ser todo como un centro comercial. En 3 horas dentro viví unas cuantas situaciones absurdas:
Tiendas de intimissimi y women secret al lado de otras de burkas donde a los maniquíes
(SÍ, A LOS MANIQUÍES) solo se les ven los ojos.

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Un burger king que en la puerta anuncia algo que haría partirse de risa a cualquier
español: “¡AHORA, 4 NUEVOS TIPOS DE HAMBURGUESAS VEGANAS!”. ¿Y las hamburguesas con carne? Había algunas, concretamente eran:
Hamburguesa de pollo con queso
Hamburguesa de pollo con picante
Hamburguesa de pollo
¿Y el cerdo? ¿Y la ternera? Vale, ya sé que no debo esperar encontrarme un restaurante
con ternera en todo este país, precisamente donde las vacas son sagradas, pero que en un
burger king solo haya 3 tipos de hamburguesas de verdad frente a más de 10 tipos de
pseudohamburguesas para come-hierbas es algo que no me mola, y si encima los 3 son casi iguales, pues apaga y vámonos. La ausencia de cerdo me imagino que será porque en este país no tendrán el ambiente adecuado para criarlos o porque los musulmanes son una comunidad importante en la sociedad (en Madras entre el 10%-20%). En cualquier caso, si alguno de vosotros me visita, que me traiga jamón.
Tercera cosa: cortes de luz, sí, continuamente, cada 15 minutos, se iba la luz. ¿Y eso
qué implica? Pues todas las escaleras son mecánicas, muchos de los comercios son de
comidas que necesitan refrigeración y en las salas de cine a saber que harán si la pantalla se pone en negro a la mitad (espero que tengan generadores independientes). Las escaleras mecánicas no los tienen desde luego, y cuando se iba la luz en todo el edificio, la gente que estaba a mitad de escalera continuaba su subida a pata, seguidos
de todos los que iban detrás. En cuanto volvía la luz, para que a nadie le pillase de sorpresa y se produjesen los previsibles tropezones y caídas, las escaleras no se ponían
en marcha automáticamente, sino que un grupo de empleados del centro comercial iban
escalera por escalera parando a los que empezaban a subir antes de que lo hicieran para
conseguir despejar la susodicha. Una vez despejada completamente, vuelves a encender el
motor de la escalera y todos los que mientras tanto se habían ido acumulando subían en
tropel.

Y siendo todo este centro comercial, por tanto, un mero espectáculo por el contraste que
crea con la cultura que hay fuera, es normal que haya cochecitos con forma de autobús
rojo londinense paseándose por las tiendas, como si no solo fuesen comercios, sino
monumentos.

 

Por último el cine. Fui a ver una peli el domingo a este mismo sitio ¿Recordáis los
controles de seguridad a la entrada del centro comercial? Pues no os preocupéis por
vuestras vidas mientras véis la peli, porque si algún terrorista conseguía saltárselos,
en la entrada del cine vuelve a haber cacheos (hombres y mujeres separados) y registros
de bolsos y mochilas.

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Y dentro, curiosamente, unas lámparas de lujo, tipo araña de los
siglos XVIII o XIX iluminando unas repisas en el suelo de piedrecitas brillantes que no
servían para nada más que para decorar. Si además no compras las palomitas suficientes
para toda la película, no te preocupes, porque puedes pedirlas sin moverte de la silla
(no sé cómo) y que un camarero te las traiga, o puedes ir a comprarlas durante el
descanso de 15 minutos que hay a la mitad de todas las películas, y durante el cual te
echan mítines políticos indios y anuncios antitabaco. Lo más curioso sin embargo aún no
lo he dicho: los cortes de sonido. Ocasionalmente se iba el sonido durante un segundo y
después volvía, cosa que pensaba era por fallos técnicos… pero qué va. El gobierno
indio considera que su pueblo no está preparado para escuchar palabrotas, así que los
mini-cortes de sonido son cada vez que la película dice una palabra fuera de tono. La
peli que estuve viendo era nada más y nada menos que de Tarantino. Imaginaos cuantas
veces se fue la voz.

Y ahora la segunda reflexión.
¿Qué debo hacer si veo que en muchas de esas tiendas, la ropa se vende a precios
europeos, que es algo así como si nosotros pagásemos 100€ por una camiseta del mercadillo o 2000€ por uns levis, si después en la puerta exterior me encuentro con niños que venden juguetes en semáforos y buscan en la basura lo que las vacas no han querido comerse, o ancianas que piden sin poder levantarse del suelo por la poca fuerza que tienen? Mi impresión sobre la pobreza en la India no es que esta sea mayor aquí que en África o en Sudamérica, pero sí que me estoy convenciendo de que aquí se trata a la pobreza de una manera mucho más cruel. Desde el primer día me di cuenta de que hay mucha clase media y mucho millonario, pero casi nadie (ni yo) que ayude a los que duermen en la calle. Me llenaba de pensamientos en los que el tema principal era “los indios con dinero son mucho más crueles que la gente con dinero de otros países”. Y ahora, en gran parte por leer un gran libro (Sonrisas de Bombay), he caído en la cuenta de que toda la culpa que puedan tener los indios ricos debe ser compartida de igual manera por cualquier otra persona en el mundo que nunca haya tenido que preocuparse por si iba a poder comer ese día o no. ¿Acaso no somos del mismo mundo? ¿Acaso cada nacionalidad es un grupo cerrado y apartado del resto de la humanidad?

Pero claro, son tantísimos los pobres que hay aquí… solo en la ciudad de Bombay viven
en chabolas una población mayor que la de toda Andalucía. Si hay tantas personas a las
que ayudar, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros si no es con el trabajo conjunto de
todos los que hemos tenido suerte al nacer?

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Fumigación

Miércoles, 20 de enero, hace ya una semana cuando estaba encerrado en mi habitación sobre las 19:30 y de repente empiezo a escuchar un ruido continuo como de taladro. Desde el principio supe que sonaba un poco diferente a los taladros que oigo por aquí cada día, que había algún matiz en ese ruido que lo hacía diferente del resto.

El ruido se iba prolongando, sin parar, durante minutos y minutos: no podía ser un taladro. Además, más curioso aún, parecía que el ruido se movía, que iba de un lado a otro, recorriendo toda la residencia. Con esto, no es raro que en un momento dado notase el ruido pasando por delante de mi puerta como una parte más de su recorrido.

Al cabo de un rato, ya por curiosidad decidí abrir la puerta para ver qué pasaba: humo, todo estaba lleno de humo. No era ni parecido en cantidad a la niebla que puede haber algunas mañanas de invierno en Sevilla, no; era más bien no poder ver qué ocurría 3 metros por delante tuya y, encima, ser incapaz de aguantarte las ganas de toser. Era tal la cantidad de humo que no se disipaba a pesar de que los pasillos en la India siempre tienen un lado abierto al aire libre. Total, que decido coger el móvil y grabar un vídeo de esto mientras pienso que si hubiese un incendio alguien me habría avisado y se habrían escuchado gritos. Me dirijo al vestíbulo, donde finalmente veo a 3 hombres, y uno de ellos es guardia de seguridad en la residencia. Me acerco y observo bien lo que hacen: están los 3 alrededor de un armatoste con ruedas, bajito aunque bastante ancho y largo y que por uno de sus extremos está lanzando una llama de forma continua, provocando el humo y también el dichoso ruido. Le pregunto al guardia y… fumigación, era una bendita y deseada fumigación. Aquí no sé si matan las moscas a cañonazos, pero a los bichos que pican los matan con lanzallamas-humeante. Si supiérais como está mi piel, entenderíais que lo agradezca.

 

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Historias de Adelardo en la India (volumen ¿3?): la secta que intentó captarme.

Aquí en el campus hay un lugar al que todos llaman “el Gurunath”. Es algo así como una plazoletilla donde para la línea de autobús y que tiene unos cuantos bares, una tienda tipo “copistería de la ETSI” (que es lo que se llama Gurunath), veladores, los cajeros, el lugar para imprimir y fotocopiar… total, que ese sitio es lo más parecido a donde la mayoría de los estudiantes hacen vida social dentro del campus.
Me encontraba yo allí el viernes por la tarde para sacar fotocopias por enésima vez de mi pasaporte (si alguna vez viajáis a la India no penséis que por conseguir el visado a tiempo ya habréis hecho todos los papeles) y, cuando ya había terminado, me puse a desaparcar la bici, con el imprevisto de que se me acercó un hombre y comenzó a hablarme.

Al principio pensé que trabajaría para relaciones internacionales de esta universidad, pues me empezó a contar no sé qué de que acababa de hablar con algunas alumnas taiwanesas y me quería contar a mí <<lo mismo que le he contado a ellas, pues seguro que me iba a interesar>> pero… ¡MEC! Error. El tío aprovechó mi desconocimiento inicial sobre quién era él para preguntarme:
– Would you like to take a tea with me?
Y claro, yo viendo que tenía un aspecto bondadoso, una sonrisa en la cara y que pensé que me quería hablar sobre trámites/actividades para alumnos extranjero, acepté.

Total, que me acerco con el tío a uno de los bares y ya en ese momento comienza lo raro: el tío me pregunta que si creo en Dios, que de qué religión soy, que hay una hermandad en el campus que a él le ha cambiado la vida… además empiezo a notar como un hombre (joven, alto y gordo) nos va siguiendo con la mirada mientras otro (mayor, delgaducho y bajito) nos persigue a unos pasos de distancia en nuestro camino a la cafetería.

Afortunadamente, los comercios hosteleros del “Gurunath” no tienen sillas dentro, sino que tienen veladores compartidos, por lo que para pedir, el hombre que me había captado (en adelante, “el captador”) tuvo que entrar en una de las tiendas y yo pude esperarle fuera, mirar alrededor y analizar la situación:
– El gordo y el flacucho se han juntado a una cierta distancia de mí y están hablando entre ellos y mirándome.
– En una mesa cercana están sentados dos suizos a los que conocí en el fin de semana en Pundycherry y en los que puedo confiar.
– En otra mesa diferente están una iraní y un rumano de los que me he hecho bastante amigos y en los que, por supuesto, también puedo confiar.
– Cerca de ambas mesas, hay una mesa libre que es la que pienso aprovechar para sentarme y así tener a conocidos cerca si necesito escaquearme.

Aprovecho también estos instantes para saludar al rumano y a la iraní y que así supieran que estoy allí, y como el captador tardaba un rato en salir de la tienda pero me miraba desde el interior, hago algún amago de irme (cosa que realmente tampoco me convenía, porque mientras llegaba a mi bicicleta sorteando todas las demás bicis, la desataba y la sacaba de la maraña de bicis de alrededor, al captador seguro que le daba tiempo a volver a verme).
Pues bien, en estos momentos yo ya daba por hecho que el captador era de una secta, pero también di por hecho algo falso (¡TREMENDO ERROR!), consistente en creer que los otros dos hombres (en adelante el gordo y el flaco) serían de seguridad o algo así, y que estaban allí para vigilar al sectario este por si hacía algo raro.

Total, que el captador sale de la tienda con los dos tés, y en ese momento se acerca el flaco al captador con cara de enfado y le empieza a gritar:
– Go out, go out! Quickly!
No, no era alguien de seguridad, no, desafortunadamente no estaba echándole ni nada parecido y no, no iba yo a conseguir librarme de la conversación religiosa que me esperaba. El flaco solo estaba metiéndole prisa al captador para salir de la tienda e ir a los veladores.

Yo mientras tanto tan tranquilo, el Gurunath es tan concurrido (sobre todo por ERASMUS que ya me conocen) que lo máximo que iban a poder hacerme era pedirme mi número de teléfono o email para mandarme spam; pero la perspectiva de que se alargase mucho la conversación que preveía no era del todo halagüeña, así que habría que acortarla al máximo. Aprovecho el momento de buscar una silla para decirle a los suizos medio en broma “que me están captando para una secta, que si se quieren venir conmigo” y de paso le pregunto al flaco si conoce al captador a lo que me responde que sí.
Joé, pues claro que sí le conoce. El flaco antes le había metido prisa porque (viendo desde fuera mis amagos de irme) temía que yo no me impacientase y me fuese y es ahora cuando yo advertí que tanto el flaco como el gordo también eran de la misma secta…

 

Total, vuelvo con la silla y empieza la conversación (resumo muy brevemente unos 40 MINUTOS de monólogo religioso):
– Que si el rey Salomón es mucho más importante de lo que los católicos pensamos hoy en día, que si la religión organizada institucionalmente no es necesaria, que en la hermandad en la que él está se acepta a gente de todas religiones y no hace falta que yo deje de ser católico para poder unirme a ella, que tenemos 3 partes (cuerpo, alma y espíritu) y el alma y el espíritu no es lo mismo, en una de esas dos habita Dios y en otra habito yo, que no debo olvidar que el rey Salomón es muchos más importante de lo que los católicos pensamos hoy en día, que desde que Adán mordió la manzana hasta que Jesucristo resucitó estaban todos los hombres muertos, que la Biblia cuenta que Hénoc no murió sino que empezó a caminar con Dios y eso es efectivamente lo mismo que nos pasa a todos desde que Jesucristo resucitó, que no debo olvidar que el rey Salomón es muchos más importante de lo que los católicos pensamos hoy en día, que si su vida (la del captador) había ido a mucho mejor desde que él se unió hace 3 años, que su mujer y sus hijos también se habían acabado uniendo a la sect… digo, a la hermandad, y desde entonces su vida familiar es ahora más bonita, que no hacen falta ritos para ir al cielo, que no debo olvidar que el rey Salomón es muchos más importante de lo que los católicos pensamos hoy en día, que si el rey Salomón, que si el rey Sal… zzz…

 

Yo ya estaba lo suficientemente aburrido como para ser incapaz de entender el acento indio, así que continué diciéndole “ajam” de vez en cuando y cuando ya por fin (esperaba este momento desde el principio) me pidió formas de contactar conmigo se las di (tal cual las pongo):
Mi nombre completo: Ade
Mi apellido: Vai
Hermanos: no tengo ninguno (cacho de pedazo de mentira en mi caso)
Mi padre es director de una empresa, y mi madre ama de casa
¿Que de dónde soy? De España (aquí sí le dije la verdad)
Número de teléfono en la India: no tengo
Correo electrónico: adevai@yonosequé.com

Eah, pues nada, que ya me mandarían un correo para comenzar con el lavado de cerebro y que incluirían en él los horarios del próximo sacrificio de cabra clandestino… digo… reunión de la hermandad.

Tras esto ya pude coger la bici, irme a mi residencia y pensar en que, a fin de cuentas, la vida de este hombre me da hasta pena (no he recalcado mucho esto, pero hubo detalles antes y durante la conversación por los que noté que el gordo y el flaco eran sus “jefes”, y que el captador parecía estar obligado a seguir allí captando gente)

Para finalizar, después de todo este tochaco os quiero pedir sinceramente que recapacitéis la posibilidad de uniros a mi hermandad, la Iglesia de la Verdad Iluminada, pues desde que este hombre me habló el viernes mi vida ha cambiado para bien y he conocido la realidad del mundo y el significado de la… es broma, que el viernes me llevé un té de gratis (me dieron también un marcapáginas pero lo tiré a la basura para evitar tentaciones) a cambio de escuchar tonterías y responder “ajám”.

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